La boda de Manel y Anna en Les Cases D'alcanar, Tarragona
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13 Oct, 2018El día de nuestra boda
Las preocupaciones que nos abruman sobre una boda son interminables. ¿Lloverá? ¿Hará viento? ¿Saldrá todo bien? ¿Llorará algún niño en el momento menos oportuno? ¿Les gustará la comida? ¿Me habré olvidado de algo?
Es imposible recordar cuántas veces llegué a hacerme esas preguntas. Lo cierto es que, finalmente, aunque algo salga mal, sigue siendo uno de los días más felices de tu vida. Y eso, para mí, es lo más importante.
Manel y yo nos casamos el 13 de octubre de 2018 en un masía en Les Cases d'Alcanar (Tarragona) llamada Tancat de Codorniu. El lugar, precioso, nos enamoró desde el primer momento. De hecho, no llegamos a visitar ninguno más. Todo era ideal: palmeras, césped, cerca de la playa, con alojamiento para invitados, cátering exquisito, flexibilidad total por su parte y, muy importante, un plan B por si llovía o hacía viento.
Semanas antes de la boda, las predicciones meteorológicas auguraban un día lluvioso y relativamente frío para octubre. Os podéis imaginar cómo sientan esas noticias a una novia como yo: histérica, control freak y planeadora. Sin embargo, los astros se alinearon y tuvimos un día espectacular: 25 grados y sol.
Seguir leyendo »El día de la boda me desperté muy temprano pese a casarme de tarde. Los nervios hacía ya semanas que afloraban y habían llegado a su apogeo máximo. Las horas pasaron más rápido de lo que pensaba pero, por suerte, solo teníamos que colocar un par de detalles y decoración en el espacio, del resto se encargaban los organizadores del Tancat de Codorniu.
Decidí cambiarme en la masía, en una habitación alejada del resto y Manel lo hizo en nuestra suite nupcial. De este modo, el videógrafo y el fotógrafo pudieron hacer un par de idas y venidas sin tener que perder demasiado tiempo con los viajes.
Mi madre, mi (por aquel entonces) futura suegra y las damas de honor estuvieron conmigo mientras me peinaban y me maquillaban. Manel, por su parte, estuvo también con sus amigos y aprovecharon para tomarse una cerveza todos juntos y calmar así los nervios. Nosotras, optamos por un par de botellas de cava y así relajarnos de manera glamorosa.
Minutos antes de dar el sí quiero estaba tan nerviosa que ni siquiera escuchaba cómo mi padre intentaba distraerme mientras me llevaba cogida de su brazo hacia mi futuro marido. A pesar de mis esfuerzos, no pude contener las lágrimas y llegué llorando donde estaba Manel que solo me dijo: ¡Estás guapísima!
El regidor que ofició nuestra boda civil lo hizo muy ameno y divertido. La ceremonia fue muy emotiva, decidimos escoger a personas importantes en nuestra vida para que no fuera simplemente un sermón del regidor. Para nosotros, los discursos de mi hermano, el mejor amigo de Manel y mi mejor amiga fueron los mejores aciertos para hacer de la ceremonia algo especial, sentimental y muy personal. Después, nos dimos los anillos y... ¡empezó el banquete!
El aperitivo tuvo lugar en los jardines de la masía durante la puesta de sol. Los asistentes nos paraban, nos felicitaban y halagan la lista de música que sonaba. Todo un logro, puesto que fue elegida íntegramente por nosotros. Decidimos hacer un photocall para que los invitados pudieran hacerse tantas fotos como quisieran, ya que preferimos no hacer la sesión de fotos, a nuestro parecer, interminable que suele hacerse después de la ceremonia.
Aproximadamente dos horas después, paramos la música e hicimos el lanzamiento del ramo y, los invitados empezaron a pasar a la sala donde seguiría el banquete.
Manel y yo nos apartamos unos 10 minutos mientras dejábamos que descubrieran sus compañeros de mesa y, cuando todo el mundo estuvo sentado, entramos con una canción animada que hizo que todos los invitados se animaran con nosotros.
Para el banquete decidimos empezar con un primer plato de ensalada de bogavante, un sorbete de naranja sanguínea para hacer el cambio y un segundo plato de pluma ibérica. También hicimos menús especiales para alérgicos, celíacos y vegetarianos y personalizamos todos los menús impresos con esos cambios.
Entre plato y plato, decidimos hacer entrega de los regalos para las abuelas y los padres. Para las primeras, una foto enmarcada con una de nuestras fotos de preboda. Para sus padres, un viaje en globo y para los míos una noche en un hotel precioso con todos los extras.
Antes de hacer el regalo para los próximos en casarse, nuestros amigos nos hicieron una sorpresa cuando, de repente, empezó a sonar la canción de Bella Ciao y salieron ellos, con las máscaras de La Casa de Papel repartiendo dinero (que por suerte era falso) por toda la sala. El resultado: más de 50 bolsas con billetes de 5 falsos y verdaderos. ¡Nos pasamos más de 2 horas al día siguiente para conseguirlos todos!
Para hacer entrega del testigo, regalamos una estructura de manera a unos amigos nuestros que estaban prometidos desde hacía un año en el que indicaba "Los próximos vosotros". Después de esto, subí con mi madre y una de las damas de honor a la suite nupcial para cambiarme para el baile.
Mi vestido era versátil: para la ceremonia llevé un vestido blanco de tirantes, un top de encaje de tres cuartos y velo. Sin embargo, para la fiesta me quité el velo y el top y lo cambié por un cinturón de flores. Además, me recogí la falda del vestido para que fuera más cómodo para bailar.
Cuando bajé, Manel estaba esperándome fuera de la sala para entrar y hacer nuestro baile. Tras sorprenderse del cambio de vestido, entramos y empezamos a bailar. Al principio, lo iniciamos con una canción lenta pero rápidamente cambiamos hacia míticas canciones muy bailables y realizamos nuestra coreografía. Cuando estábamos a punto de terminar, Manel fue a buscar a su madre y yo a mí padre para que se unieran a la pista de baile y el resto de los invitados no tardó en animarse.
Para la fiesta, que disfrutaba de barra libre para todos los invitados, también decidimos escoger todas y cada una de las canciones que sonó. En primer lugar, porque gran parte de mi familia venía de Francia y quisimos hacer un homenaje también al país galo. Pero, sobre todo, porque elegimos canciones para todos los invitados: para los más mayores, para los jóvenes, para los franceses, para los más rockeros, para los más salseros, etc. De este modo, cuando sonaba una canción, recordábamos por quién la habíamos puesto e íbamos a bailarla con ellos. Nos sirvió para poder pasar un rato con todo el mundo, puesto que, muchas veces, cuando hay mucha gente tienes la sensación que no has podido estar con nadie.
Unas 4 o 5 horas más tarde y tras haber bailado sin parar Manel y yo subimos a nuestra suite, ebrios de emoción y nos despedimos de uno de los mejores días de nuestras vidas.
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