La boda de Luismi y Isa en Segovia, Segovia
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L&I
22 Mar, 2025El día de nuestra boda
Todavía me cuesta creer que fue real. Cada vez que cierro los ojos y recuerdo ese día, me invade una mezcla de emoción, alegría y magia que me recorre de pies a cabeza. El 22 de marzo de 2025 fue el día en que me casé con Luismi… y fue, sin duda, el día más bonito de mi vida.
La mañana comenzó nublada, como si el cielo estuviera indeciso, pero yo me sentía en paz. Nerviosa, claro, pero feliz. Me puse mi vestido —ese vestido que parecía sacado de un cuento— y supe que, pasara lo que pasara, todo iba a estar bien.
La iglesia estaba llena de nuestras personas más queridas. Recuerdo entrar y ver a Luismi esperándome… su mirada, su sonrisa, ese momento… fue mágico. Pero hubo algo que me tocó el alma profundamente: mi familia cantando la Salve Rociera. No pude contener la emoción. Fue un regalo inolvidable.
Al salir de la iglesia, empezó a llover. Y no una lluvia tímida, no… llovía con ganas. Y aún así, ¡era divertido! Luismi y yo nos reíamos mientras la gente aún animada nos tirabas arroz, hojas de olivo y flores secas . En la entrada al cóctel llovía todavía más, pero nada podía opacar la felicidad que sentíamos. Y luego, mientras cenábamos, pasó algo que nadie esperaba: empezó a nevar. Como si el universo nos dijera “esta historia merece un final de película”. Una boda de fantasía total.
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Y hablando de películas… ¡fue una boda con temática Disney! Cada mesa tenía la imagen grabada en madera de un personaje, y cada plato venía acompañado de una canción Disney que hacía sonreír a todo el mundo. Todo estaba lleno de detalles pensados con amor.
Uno de mis momentos favoritos fue cuando hicimos nuestra entrada al banquete bailando. Ver a todos moviendo las baritas, riendo, disfrutando… fue pura alegría. Y luego, cuando llegó nuestro primer baile, sonó “En mi corazón vivirás”, de Tarzán. Bailar esa canción con Luismi fue como detener el tiempo. Solo existíamos él y yo.
La gente no paraba de decir lo bonito que era todo: el ambiente, la comida, la decoración, mi vestido… y sobre todo, lo bien que se lo estaban pasando. Sentir esa energía, esa felicidad compartida… fue algo que no se puede explicar del todo con palabras.
Fue una boda mágica, maravillosa, mejor de lo que jamás imaginé. Y sí, nevó. Porque incluso el cielo quiso hacer algo especial para nosotros. Ese día empezó nuestra historia como marido y mujer, y aunque no todo se puede escribir con tinta, ese 22 de marzo quedará grabado para siempre en nuestro corazón.
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