La boda de Kike y Irene en Torrelodones, Madrid
De noche Otoño Verde 2 profesionales
K&I
12 Oct, 2019El día de nuestra boda
Ahora que han pasado algunos meses y echo la vista atrás no me puedo creer que pasara tan rápido el día de la boda. Te lo dicen, pero no te lo crees. Y aunque haya cosas que no salgan exactamente como te imaginas durante meses, no importa, lo espontáneo siempre es más bonito.
El día 12 de octubre de 2019 me levanté, me tomé un café y bajé a mis perros como todos los días. Hasta ahí todo normal, pero luego me fui a buscar mi ramo de novia. ¡Ya había llegado el día! Me invadió una gran alegría y un poco de nervios porque todo saliera bien. Estuve unas horas en casa, como un felino enjaulado, hasta que vinieron mis padres a recogerme para llevarme a la Finca El Gasco para peinarme y vestirme. No me creía que hubiera llegado el día, estaba como anestesiada, como en un sueño. En la habitación de la novia, sabía que iban llegando los invitados, y mi madre, la mujer más tranquila que conozco, se puso nerviosa. Mi padre, siempre puro nervio estaba de aquí para allá, en su salsa, hablando con todos, e indicando a las recién llegadas a la Finca que disponían de cubre tacones para que no se quedarán "plantadas" en el jardín.
Seguir leyendo »La organizadora a través de su pinganillo iba informando de si faltaba algún invitado. Yo ya con el vestido puesto, y el maquillaje y peinado con el que me había imaginado, bajé las escaleras como pude, eso sí... Y cogí del brazo a mi padre dispuesta a salir al jardín. Y sonó mi canción y no podía parar de sonreír. Según avanzábamos empecé a ver caras conocidas, y de frente me encontré con mis tres mejores amigas, una sonriendo, otra gritando “¡guapa!” y la tercera llorando, y se me partió el alma, pero a la vez me sentí más tranquila y feliz al verlas. Y llegué al altar, y ahí estaba, con los ojos llorosos, le cogí de la mano al sentarnos, pero dijo que era por sol que le había estado dando al atardecer. Estos hombres... Fue una ceremonia preciosa y no lloré. Siempre lloro en las bodas, pero ese día con todas las cosas que se dijeron allí, con la magia del momento, del lugar, no lloré, pero es que seguía en un sueño del que no quería despertar.
Comenzó el cóctel en el jardín, contratado con la empresa Cotorredondo. Fue una maravilla trabajar con ellos. La comida espectacular, la decoración preciosa, nada recargada, porque nosotros lo queríamos todo sencillo, y rápido captaron nuestra forma de ser y nuestros gustos. Para ser 12 de octubre hacía buena temperatura, y aunque finalmente llovió durante 10 minutos, no nos impidió disfrutar el cóctel fuera. Elegí una mantelería para el cóctel nada tradicional, pero así soy yo. ¡Flamencos rosas y hojas verdes! Toma ya, y a quién no le guste que no mire.
También contratamos a un caricaturista y los invitados quedaron encantados. Al banquete entramos con la banda sonora de Iron Man, mi marido con el guantelete del infinito puesto en la mano y yo, como no podía ser de otra manera, con una cazadora de cuero blanca (I love Rock & Roll).Ya que el cóctel había sido abundante, la cena fue ligera, pero ríquisma. ¡Mis amigos siguen recordando lo rico que estaba todo y nos piden que nos casemos otra vez!
El baile, que ya que no lo ensayamos nada pues salió así, de aquella manera, lo salvamos con un par de abrazos y vueltas. Entonces empezamos a sacar a todo el mundo a la pista y fue un momento que nunca voy a olvidar. Elegimos la canción "This is me" de The Greatest Showman y quedó fenomenal. Y lo que vino después, pues disfrutar al máximo de cada minuto que quedaba de la noche, bailar con unos y otros, e intentar que los invitados se lo pasarán bien. Mi momento favorito fue bailar con mis amigas un par de canciones de uno de nuestros grupos favoritos de la adolescencia, y que se me viniera la sensación de volver a tener 16 años cuando hacíamos lo mismo en garitos de Madrid.
Vuelvo a sonreír con cada recuerdo de aquel día. Mi hermana, a la que no le gusta llamar la atención, ni los tumultos, pero de vez en cuando la miraba y estaba ahí. Mi madre que habló en la ceremonia y se emocionó un poco, y mi padre, al que busqué en el momento del baile y estaba por ahí, hablando con unos y otros... Pero así les quiero yo. Y a mi marido, por ser como es, por cuidarme y hacerme feliz. Nos quedamos a dormir en la finca y despertar allí, en esa habitación tan bonita y con esas vistas a la naturaleza, y encima disfrutar de un desayuno en la terraza fue el broche final a nuestra boda.
Agradecer a la Finca y al catering por todo el trabajo realizado. Volvería a celebrarlo allí una y mil veces. Feliz, feliz, feliz. Esa es la palabra para describir ese día.
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