La boda de Isidro y Salomé en Alcantarilla, Murcia
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I&S
29 Feb, 2020El día de nuestra boda
El día anterior a la boda pasé la noche con mis amigas y fue genial, dormí muy poco, pero con lo bien que me lo pasé y la adrenalina que tenía ya al día siguiente, no me hizo falta más. Me levanté con subidón dejando a mis amigas durmiendo y desayuné con un huésped ciclista y el dueño del casón, que no se creían que me casara ese día y estuviese desayunando aparentemente tan tranquila. Después de invitarles a la boda (me dijeron entre risas que no), me fui a peinarme y maquillarme, con Sonia y Raquel, que no pueden ser más graciosas. Y al poco vinieron mis amigas ya arregladas, mis padres y hermano, el fotógrafo y toda una cuadrilla de vecinos y vecinas, haciéndome fotos, besándome, todos a la vez, una maravillosa locura jajaja.
Mi familia y amigas me ayudaron a vestirme y una vez lista fui a ver a mi abuela, que la pobre se rompió una pierna dos semanas antes y no pudo ir. De ahí nos fuimos al pueblo de mi novio, marido ya jaja, previamente coordinados para no coincidir, para ver a su abuelo, que tampoco pudo venir. Y ya de allí fuimos al restaurante en donde se celebraba también la ceremonia. Pues con todo lo que he contado que hice, aún así, llegué súper puntual, hasta tuve que esperar un poquito para que terminaran de entrar algún que otro invitado tardío. Ahí ya con mi padre, con el dron alrededor y los invitados terminando de entrar, me empecé a poner un poco nerviosa, menos mal que el organizador del salón de celebraciones me sacó una caña de cerveza y me relajó un poco.
Seguir leyendo »En ese momento me avisó que teníamos que entrar ya, y ahí, en ese momento que salí al jardín por la alfombra, con una decoración que parecía el paraíso, con los invitados a los lados, agarrada al brazo de mi padre reteniéndolo porque si fuera por él hubiéramos ido al trote, miré al frente y vi al que sería mi marido, con su traje y zapatos tan preciosos, con sus ojos con brillo y sonrisa resplandeciente, tan bello y me emocioné y me tembló el labio (no se paró en toda la ceremonia) y me dio por sonreír y no podía parar, ¡qué suerte!
La ceremonia no pudo ser más preciosa. Nos casamos por el rito celta, uniendo nuestras manos con la cinta azul, con una maestra de ceremonia superemotiva y con nuestros amigos y familia que salieron a decir unas palabras y casi nos da algo de la emoción. Lloré de emoción y alegría y, a la vez, reía, sonreía todo el tiempo.
Cuando terminó la ceremonia nos tomamos el cóctel de pie, nos echamos millones de fotos con todos y comimos aperitivos y canapés que estaban buenísimos, menos mal que comí fuera porque una vez que entramos en el salón todo fue fiesta. Habíamos puesto en cada mesa un cartel con el nombre de un grupo de música y al poco de empezar a comer empezaba a sonar canciones y la mesa que le tocaba la canción tenía que saltar y bailar y nosotros, los novios, con ellos.
Fue la risa, corriendo de una mesa a otra bailando con todos, nos divertimos mucho y los invitados también y de ahí a la barra libre, a bailar y cantar (sacaron un micrófono para que mi padre cantara, pero acabaron cantando varios). Nos lo pasamos genial. Fue un día maravilloso.
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