La boda de Isabel y Albert en Benicàssim/benicasim, Castellón
Elegantes Verano Blanco
I&A
31 Ago, 2013El día de nuestra boda
No estábamos nerviosos. Pensamos que lo mejor era disfrutarlo.
Yo pensaba en que al final no había perfeccionado hasta el último detalle del evento (y yo soy por desgracia para mí una perfeccionista), dejando al "azar" algunas cosas, pero que podían quedar mejor así que pensadas y requete pensadas de antes.
El día anterior recogí de casa de la abuela de Albert, donde estábamos pasando las vacaciones y preparándonos para la boda, las cosas necesarias y me fui al hotel. No quería dormir con él la noche de antes, podéis llamarme anticuada, pero prefería hacerlo así. Me llevé a Aroa, que tiene siete años, y estaba muy contenta porque había llegado el gran día. Cenamos en familia con mi hermano, mi cuñada y mi madre en una terraza del pueblo y nos fuimos a dormir.
A la mañana siguiente aprovechamos el buffet del hotel para almorzar. Yo quería una mañana relajada: tomar el sol, nadar un poco...ya que después tocaba correr y correr. Quería hacerme cargo del estilismo de mi madre y de arreglar a mi niña, y también me tocaba recoger a la dama de honor, etc. (soy una novia inusual, en lugar de hacerse cargo los demás, me hice cargo yo de casi todo).
Seguir leyendo »Paso a paso fui completando la lista de tareas del día: relajarme, llevar a mi madre a la peluquería, acercar a Aroa después, comer un sandwich, ir a peinarme y maquillarme, recoger a la dama de honor... Justo cuando llego al hotel, en agosto, y con las prisas, estaba chorreando de sudor. Así que me llenaron una bañera con agua casi helada que me sentó genial. Aunque me duró poco, porque a los dos minutos estaban los fotógrafos en la habitación esperando para el reportaje.
Mi prima, la dama de honor, me ayudó a vestirme. Acudieron mi hermano y mi cuñada. No se sabe lo duro que es un reportaje de foto-vídeo hasta que no pasas por uno. ¡Me dolía la cara de tanto sonreír!
Llegó el momento de la boda. Como éramos las últimas en llegar, nos quedamos solas (Aroa y yo), mientras el resto se iba. El primo de Albert, Oscar, y mi suegro, Vicente, pasaron a recogernos. El coche llevaba unos lacitos blancos y ellos dos iban muy guapos.
Pero el que de verdad iba impresionante era el novio. ¡Qué voy a decir yo!, pobre de mí que me casé enamorada hasta las trancas.
La celebración del matrimonio fue realizada por el tío de Albert, Domingo, que nos leyó un poema de Rafael Alberti y dio paso a las lecturas de Mari y de Sebastián, amigo de Albert, que estuvieron genial.
El cóctel, por lo que me contaron, estuvo muy bien (nosotros estuvimos haciéndonos fotos), y la cena también salió correcta, lo que yo pretendía. Solo un detalle me descolocó: yo había pedido que en la mesa de los niños hubiese un adulto para ayudarles a comer y en el restaurante se olvidaron de ello.
Hicimos un montón de regalos: dos parejas de novios, Oscar y Esmeralda, que se lo tomaron muy bien, y que estaban muy contentos, y para Manu y su chica, que se emocionó mucho, porque no se lo esperaban para nada. Dos cajitas "Bebés", para Nacho y Eva, que en febrero tendrán su Nachito, y para Pau y Nieves, que no lo esperaban porque no están embarazados (nosotros estamos deseándolo, y que mejor manera que decírselo que esa). A mi hermano, que vive lejos de nosotros, le hice un fotolibro con todas nuestras fotos de pequeños (creo que todavía anda llorando por ahí).
Cenamos estupendamente, aunque nos levantamos un montón de veces, para los regalos y para hablar con todos nuestros familiares y amigos. El vals de Amelie fue nuestro escogido para abrir el baile. Albert cumplió como un campeón. Yo, en cambio, no lucí tanto porque el vestido no me permitía bailar a mis anchas.
Tuvimos una chica cantando dos horas, y luego pinchó el DJ. La verdad es que no lo pudieron hacer mejor. El bufé del resopón se nos quedó casi todo en las bandejas (pedimos un montón, yo creo que aquí quedarse corto no hubiese sido un pecado, la verdad).
Nos fuimos a dormir a las cinco de la mañana y se nos hizo muy corto.
Este es mi consejo: Atesora cada momento de tu boda. Ese recuerdo es un regalo que te haces para el futuro.
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