La boda de Guillermo y Silvia en Ontinyent, Valencia
Al aire libre Otoño Azul 2 profesionales
G&S
26 Sep, 2015El día de nuestra boda
No puedo estar más contenta con ese día. Aún nos sorprendemos al ver que todo salió tan bien, sin fallos y que todos respondieron tan estupendamente.
Transcurrió la mañana como en un sueño, un poco estresante, de un lado para otro... Que si hora en la peluquería, que si el ramo, que si el maquillaje, acomodar a algunos invitados que venían de fuera, asegurarse que todos los detalles estaban a punto... La verdad es que tuve suerte porque mis familiares más cercanos se encargaron de que los arreglos estuviesen en orden, para que yo me hubiese de preocupar de lo mínimo posible, ¡y fue lo mejor que me pudo pasar porque es imposible estar en todos lados a la vez! Vale más la pena abarcar menos, estar un pelín más relajada y de ese modo disfrutarlo más.
¿Qué más podíamos pedir? La floristería, Blancflor en Anna (Valencia), se encargó de desplazarse para decorar tanto el lugar como los dos coches, incluso me trajeron el ramo y los detalles hasta la misma peluquería donde yo estaba. La chica es muy simpática, se supo adaptar a lo que queríamos. Nos íbamos a casar en un lugar de por sí ya precioso entre césped, el pequeño lago, los árboles, las flores... Supo ver que por ello queríamos una decoración más bien sencilla, que resaltase el lugar concreto del altar pero sin tapar la belleza del lugar. Nos supo aconsejar sin imponerse y nos orientó muy bien porque andábamos muy pero que muy perdidos. El resultado fue genial. Casi sin darle indicaciones quedó todo estupendo. Sencillo como queríamos. Se encargaron del candy bar donde expresamente se le indicó que yo no era partidaria del rosa (sí, podéis matarme por ello), y que el color de la boda iba más hacia tonos azules. Y así fue la mesa de chuches. Estupenda. Incluso cedieron a mi petición de poner una especie de tul en el coche que me llevaría a mí en la parte de delante, ingeniándoselas para fijarlo sin que se soltase ni estropease la pintura del coche. ¡Dios mío, qué paciencia conmigo!
Seguir leyendo »Tanto la peluquería como la estilista, un diez. Los detalles en general más de lo mismo. Seguro que me dejo algo, entre otras cosas, a casi un año de la boda vimos un cojín que serviría para los anillos totalmente en blanco en el que ponía Mr&Mrs con letras negras. Nos enamoramos de él. A ambos nos gustó que se apartase del tradicional cojín. Pero olvidamos completamente donde lo vimos. Y, a un mes de la boda, nos ves buscando uno, desesperadamente y no nos gustaba nada de lo que veíamos después de aquel. Así que, finalmente ,nos lo hicieron a nuestro gusto como regalo de un familiar. Chocó un poco a alguna gente aquello de que fuesen letras negras sobre fondo blanco para una boda, pero fíjate que después de ello ya me han pedido si lo dejaría un par de veces, así que tanto no debió de horrorizar.
Por otro lado, nos olvidamos por completo de la discomóvil. Lo siento, pero tantas cosas, que no nos acordamos de ellos para nada hasta el momento del baile. Estuvieron muy atentos en lo que queríamos que sonase, aceptando peticiones extrañas y aconsejándonos sobre cómo hacerlo para que fuese un éxito para todas las edades, y así fue. Pero más adelante ya os cuento.
El vestido fue una de las cosas que más me marcaron. Sabía que no lo quería palabra de honor ni de tirantes. Soy demasiado delgada y un poco alta por lo que no quería verme muy larga. Cuando llegué a Valdés y Pastor conocí a Ángela. Me enseñó un álbum y todos recordamos que dije quiero ése. Me dijeron escoge alguno más. Luego os probáis el que os gusta a primera vista y al no gustaros como os queda puesto, os desilusionáis y no queréis ver ninguno más. Escogí un par más al azar. Me miraron sorprendidas por la elección. No eran mi estilo ni se asemejaban en nada al otro. Pero no sé por qué lo vi y dije: “tiene que ser ese”. Me probaron otro y el segundo fue ese. Y dije sí. Es este. Todos coincidieron. Aun así, me recomendaron ir a ver más. El mío era tan sencillo que cuando probé uno de Pronovias que tenía una espalda preciosa pero era demasiado princesa y no iba con mi estilo ni me sentía yo me entristecí. Pensé que ya no me iba a gustar el mío porque era muy sencillo. Así que volví a la primera tienda y le dije a Ángela lo que había ocurrido. Me dijo que me lo podía volver a probar las veces que quisiera. Pero no hizo falta. Me lo puse una vez y vi que, si bien apenas tenía pedrería en comparación con el otro, ése era el mío. Totalmente. No sé por qué pero fue un flechazo a primera vista. No es que tenga algo que digas iba buscando eso, si bien quería que fuese de un tirante para romper un poco el efecto visual, era por cómo se me ajustaba... Me llenó, por decirlo de algún modo. ¿Ángela? Pura paciencia y además entendía lo que buscaba más que nadie más en aquella sala sin que yo dijese nada. Solo con la mirada. ¿Años de trabajo? ¿Amor por lo que hace? No lo sé, pero desde luego se le da genial. Es un encanto de mujer.
Una vez ya metidos en los vestidos, maquillaje, peluquería y demás... Pasa el protagonismo a los fotógrafos. Fotógrafas en este caso. Sinceramente, si vivís por la zona de Valencia, echadles un vistazo. Y ya si contactáis con ellas os terminareis de enamorar. Puede que a simple vista no os llame la atención porque no es que sea el precio más económico, pero para la magia que tienen, aún cobran muy barato. No hay palabras para ellas. Te atienden con un cariño como si fueses de la familia. Se ocupan de todo. En nuestro caso salíamos cada uno de poblaciones distintas, pero días antes hicieron el recorrido para asegurarse dónde era y para cuadrar los tiempos para no llegar tarde a ningún lugar. Parece una tontería, pero os aseguro que no lo es. Llegaron puntuales, hicieron una barbaridad de fotos casi sin que te dieses cuenta. Captaron cada detalle, cada mirada, cada momento... Se aseguraban de que no saliese nada mal, aún sin enterarte de ellas. Os aseguro que, desde que salieron de mi casa, no me enteré de ellas, no las vi. Me lo pasé genial sin tener que hacer posados forzados. Me acuerdo que les dije que lo pasaba fatal ante las fotos y que se reflejaba en ellas. Se veía que la sonrisa era forzada, que no me sentía cómoda. Me dijeron que no sería así y tuvieron toda la razón. Todo transcurrió con una naturalidad impresionante. Me hicieron sentir especial y eso se ve en las fotos. Y el resultado, hay que ver sus trabajos. Ellas son Hijas de Berna, en Ontinyent. Tres hermanas encargadas cada una de ellas de una parte de la producción y encajando a la perfección lo que buscas. Unas fotos impresionantes, de película. Un acabado espectacular y, además, receptivas en todo momento. Todo son facilidades. De todos los tipos. ¿El álbum? Enamorada. Estoy enamorada de él. Pensé que sería un elemento más de la casa, que me olvidaría de él pero no es así. No me canso de enseñarlo ni se cansan de pedirme verlo y es normal. No son las típicas fotos en las que sale gente posando que dices oh dios mío, cuando termina este tostón. Cada foto es un mundo aparte, la gente se ensimisma mirándolas. No hay palabras. Me casaría 10 veces más para ver nuevas fotos de ellas y decir: “¿En serio? ¿Esa soy yo?”.
La ceremonia, para mí, fue un sueño. Fue una ceremonia civil oficiada por una amiga que nos presentó a mí ahora marido y a mí. Una andaluza entre valencianos... ¡Fue genial! Tuvo un arte para oficiarla que me encantó. Le estaré eternamente agradecida. Como ella dijo: “me llamaron para pedirme que terminase lo que había empezado”. Fue algo tan lleno de cariño y ternura, la lectura de nuestros hermanos y amigos, las lagrimitas, alguna más al recordar a mi padre y a la tía de mi marido. La ceremonia de las arenas que pedí realizar a mi amiga y que la presentó tan bien que hemos hecho de ello un recuerdo para el recibidor de nuestra casa que nos recuerda que ambas vidas se han fusionado y que igual que los granitos de arena ya no se van a poder separar, así van a ser nuestras vidas si luchamos por ello. Y todas aquellas palabras bonitas que nos dedicaron, junto con algún momento cómico cuando casi fue necesario pedir una motosierra para deshacer el nudo que hizo el novio al tirar del lazo del cojín de los anillos por la cinta que no tocaba. Momentos irrepetibles e inolvidables.
¿El restaurante? Mejor de lo que me pensaba. Lo elegimos porque era precioso. Tenía un salón cuya pared de cristal te dejaba ver todo el jardín de fuera. Un jardín tremendamente bonito. Con unas lámparas preciosas colgadas del techo que contrastaban el color negro con el blanco del salón. Junto con los manteles negros, el contraste era precioso. Sencillamente perfecto. ¿Y, luego? Luego todo eso no importó, porque entre la gran cantidad de comida que sacó, la perfección de los platos, el postre sorpresa, pero sobre todo la profesionalidad, nos hicieron ir en volandas. La decoración ya era lo de menos. Nos atendieron con una ternura tan grande. Estuvieron totalmente atentos. En cualquier pequeño detalle. Sin que nadie les dijese absolutamente nada. Si alguien en las lecturas se ponía a llorar, le llevaban un vaso de agua muy discretamente, si alguien se dejaba la comida en el plato se ofrecían a cocinar la carne o el pescado un poco más o, en su defecto, sacarles otro plato más de su agrado. No hizo falta para nada especificarles nada. Se les comentó que en tal o tal otra mesa iba a haber un celíaco u otra persona que, por los motivos que fuese, no podía tomar cierto tipo de alimentos, y sin preocuparte ni tú ni esas personas por nada, se acercaban con la máxima discreción, averiguaban de quien se trataba y todo salía a pedir de boca. Aún estoy recibiendo felicitaciones por el banquete. Hay muchos detalles a comentar para este relato que se está extendiendo ya demasiado. Pero estaré tremendamente agradecida tanto a Leo como a Gonzalo. Fue toda una suerte ir a parar a sus manos. Tanto ellos como el resto del equipo hicieron que todo transcurriese sin parones ni contratiempos. No hay palabras para ellos.
Luego vino la discomóvil. Tuvimos miedo a la hora de contratar dicho servicio porque aunque parece que todos saben poner música, que no hay mucho misterio. Se nota diferencia. Hemos ido a alguna boda en que la música no ha acompañado y la gente ha terminado sentándose o abandonando el lugar o siguiendo un suave balanceo copa en mano... Teníamos claro que no queríamos eso. Hubiésemos podido poner más decoración, haber llegado en coches impresionantes, pero quisimos darle más importancia a otras cosas. Al fin y al cabo, esa es la gracia de las bodas, ¿no? Que llevan el toque personal de los novios y por ello cada una es distinta de la anterior. Por ello indagamos y vimos que la discomóvil es uno de los servicios que más se publicitaban. Y no recuerdo bien como fue, creo recordar que en este caso fue a través de esta página web como dimos con ellos. Prosonik. Vimos cómo trabajaban, dónde solían llamarlos, indagamos un poco. Hasta que nos pusimos en contacto con ellos. Tras haber hablado con un par de empresas, el feeling que hubo con esta marcó la diferencia. Nos citaron para hablar en persona, y nos enseñaron sus trabajos, posibilidades. Quedamos que ese día nos mandarían a alguien de su equipo de confianza y así fue. Recuerdo que se presentó en un momento dado antes de empezar y creo recordar que le saludé pero no me detuve a hablar con él. Lo siento mucho, me hubiese gustado haberte dedicado un tiempo como te merecías. El chico empezó con música para todas las edades y poco a poco fue dejando paso a canciones para los más jóvenes, sin olvidarnos de algunas peticiones que nos recordaban momentos con nuestros amigos (follow the leader; no hagas el indio, haz el cheroke), y atendiendo a las canciones que nuestros invitados pedían. Animó la fiesta y la gente pedía más y más y más.
Finalmente nos fuimos a casa con un montón de recuerdos en la mente y las sensaciones en la piel. Ojalá se pudiese revivir.
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