La boda de Elena y Quirino en La Felguera (Langreo), Asturias
Elegantes Verano Blanco
E&Q
14 Sep, 2013El día de nuestra boda
Corría el año 2002 y no nos esperábamos que ese verano significaría el comienzo del resto de nuestras vidas. Simplemente desde que nuestros ojos se encontraron no hubo manera de separarnos.
Once años después, el 14 de septiembre de 2013, aquel niño y toda su familia emprendían un emotivo viaje desde León a Asturias, donde se celebraría la boda en mi pueblo.
Yo era una novia emocionada y totalmente implicada con todos los detalles de la boda, me levanté a las 8 de la mañana para preparar los pétalos de la iglesia. Acudí a peinarme y maquillarme pero antes de que pudiera terminar de tomar un delicioso desayuno preparado por el mejor amigo de mi padre, una comitiva de coches con el novio al frente me sacaron de mi ensimismamiento a ruido de claxon.
La ceremonia empezaba a las 13:00 y a las 12:00 ya me dirigía a vestirse, donde le esperaba su familia más cercana. Allí me sorprendió una maravillosa puesta en escena de su vestido y demás accesorios, todo preparado para que lo contemplase por última vez antes de ponérselo.
Seguir leyendo »A las 12:50, agarrada del brazo del padrino más maravilloso del mundo, recorrí a pie los escasos 100 metros que me separaban de la iglesia de San Pedro y de mi futuro marido, al son de “¡guapa!”
Una vez a la puerta de la iglesia una de mis damas de honor, espléndida como siempre, ayudó a colocar mi cola de más de tres metros y mi mantilla.
Y a partir de ahí, la emoción salía por cada uno de mis poros, ese pasillo largo como el de una catedral, esos bancos decorados como en mi imaginación, toda nuestra gente a ambos lados del pasillo. Y sobre todo, ese canon de Pachelbel, interpretado por un magnífico cuarteto.
Y por fin, mi mirada, once años después, se volvía a encontrar con la suya para acabar de unir nuestras vidas para siempre.
La ceremonia fue incluso más emotiva de lo que esperaba. Las palabras de mi padre, los solos de clarinete de mi antiguo director de música.
Pero todavía no había acabado, a la salida tuvimos un maravilloso pasillo de sables, sólo formado por los más cercanos y a cuyo final nos dimos un emotivo y largo beso, sólo interrumpido por los voladores de nuestros amigos.
A partir de ahí todo fue un cúmulo de risas, jolgorio y muchas muchas ganas de pasarlo bien. Todo salió a la perfección, el restaurante no falló, la comida fue espectacular, las vistas, la música… Pero lo mejor fue la visita de nuestro pequeño, nuestro maravilloso perro que lleva haciéndonos la vida más perfecta dos años.
Algo tan maravilloso no debería suceder sólo una vez en la vida, deberíamos poder repetirlo cada año, aunque quizás parte de la magia resida en que es un momento único e irrepetible.
Otras bodas en Asturias
Ver todas
La Hacienda de La Llorea Golf
Puebloastur
Palacio de Villabona - Jardines del Llar
Inspírate con estas bodas
6 comentarios
Deja tu comentario