La boda de Dirk y Hortensia en Sevilla, Sevilla
Elegantes Otoño Blanco
D&H
25 Oct, 2025El día de nuestra boda
El día comenzó tranquilo: descansé, tomé mi café y desayuné bien. Me preparé para ir a la peluquería, que estaba en el centro de Sevilla, Secretos de Agua, en la calle O'Donnell. Aunque lo hicieron con todo el cariño —me atendió Estefanía, siempre muy amable y atenta, además ya conocía mi pelo porque lo había tratado—, me hice tratamientos para recuperarlo y color con los óleos la semana anterior. Llevaba una melenita bien cuidada que aguantó toda la semana, pero ese día la humedad de Sevilla y la ansiedad (que estaba controlando, pero la tenía) hicieron que, para el baile, mi pelo estuviera fuera de control. Fue fallo mío no llevarme mis utensilios para recogérmelo bien; se me da muy bien todo el pelo, pero en mi caso tenía que haberlo previsto.
Salí peinada con una melenita, dos pequeños tocados a un lado que eran del mismo diseñador del vestido, Jesús Peiró, y unas ondas. Pensamos que se abrirían, como me habían peinado otras veces, pero el resultado fue distinto. El día anterior había ido mi suegra, que llegaba de Brujas; la trataron fenomenal y lo disfrutó enormemente. Con 92 años y salud delicada, el chico que la atendió fue un encanto y le dijo: «Al día siguiente, el de la boda, si ve que se ha quedado sin volumen, venga y la volvemos a peinar». Ella feliz, quedó bien.
Seguir leyendo »A mi vuelta a casa andando (vivo cerca, en el casco histórico), ya me estaba esperando la maquilladora, Laura Julve. Muy amable, se desplazó a casa. La primera prueba la hicimos en la suya; te dedica mucho tiempo hasta que te encuentras bien y te identificas con el tipo de maquillaje. Soy una experta, es mi pasión la moda, el estilismo, el maquillaje y el cuidado facial; lo he hecho mucho en Madrid, he trabajado con diseñadores. El caso es que me dejé llevar por lo que se hacía en Sevilla y fue un error. Alguien que me conoce muy bien me dijo: «La chica lo hace muy bien, pero me gusta más cuando te maquillas tú». Mi marido me confesó que las pestañas postizas le parecían un horror y la sombra dorada en los ojos también. Parecía una artista de Hollywood, pero no era yo, con la elegancia que dicen que suelo tener.
Ya que estaba en camino, me maquilló con mis cosas y siguiendo mis pautas; aposté por un toque de color en el labio, un rojo que me dio mucha luz y alegría. La única pega fue que dijo que quería el pago en efectivo; me dijo: «Llama a tu novio, no acepto el pago en Bizum como anteriormente». Tuvo que ser la wedding planner la que fuera al banco a sacar con mi tarjeta. Ella no se sentía cómoda, pero no había otra opción. Me pareció un feo detalle en esos momentos de nervios, pues yo estaba sola en casa y eso me puso nerviosa.
Yo estaba pasando uno de los momentos más duros de mi vida: mi madre, con un fuerte Alzheimer, no pudo venir y, lo más triste, falleció a las pocas semanas. Quiero decir que no era yo; dudaba por todo cuando siempre había sido todo lo contrario. Mi pelo estaba en el peor estado: se caía enormemente, no crecía... Al final sonreí todo lo que pude y lo disfruté. Al final contaré el tema de los nervios; el detalle del cobro en metálico de la maquilladora no me gustó, pero no era solo ella: todos querían cobrar, la mayoría en negro, unos el día de antes y otros el mismo día. Un detalle horroroso. No sé cómo mi marido pudo organizarse para pagar a todos, cada uno con su sobre.
Terminado el maquillaje, me vi bien y llegó la fotógrafa a casa. Al principio no quería fotos de preparativos; creo que fueron demasiadas fotos de esas y hay muy pocas que me gustan. Creo que ahí me empecé a poner un poco nerviosa o la ansiedad que ya tenía me hizo empezar a transpirar. La fotógrafa era Marina Ponce; empezó conmigo en casa y me acompañó en el coche hasta el lugar de la ceremonia en la calle Bailén. El coche estaba precioso, pero nos salió caro. Un taxista amigo de mi marido se ofreció a llevarnos; mi primera opción era un coche de caballos y la dejamos pasar. Este señor se ofreció, lavó el coche, me recogió y nos dijo lo que cobraría, y con toda confianza mi marido le dejó las llaves. Estaba muy bien decorado, pero luego nos cobró otra cantidad desmesurada.
Ya habíamos hablado con Jesús, de la galería, sobre la decoración de la ceremonia y la mesa, que era espectacular, y del palacete, una auténtica maravilla para recordar. El presupuesto no era barato, inicialmente 1.700 euros. El dueño, Jesús, fue encantador y me regaló el ramo. Otro fallo fue no haber buscado un sitio especializado en secar flores; yo hice lo que me dijeron de ponerlas boca abajo, pero fue una pena, sobre todo el camino de hortensias que hubo en la mesa y las copas romanas, maravillosas con hortensias y esa flor larga tan elegante. La decoración floral era de ensueño (lo pagamos, sí), pero merecía la pena; incluía unos candelabros espectaculares largos.
La compañera de la fotógrafa ya estaba en el palacete, Casa Palacio Bailén, en la calle Bailén, Sevilla, muy cerca del Hotel Colón, donde pasamos la noche de bodas. Sobre el hotel, tengo que decir que me decepcionó enormemente: no tuvieron la deferencia de dejarnos entrar un poco antes, pues yo pensaba maquillarme, vestirme allí y salir desde allí hacia la ceremonia con mis damas de honor, pero no tuvieron el detalle y tuvimos que cambiar todos los planes.
Mi entrada al palacete con mis damas de honor y mi paje fue una preciosidad, mis niñas estaban divinas. Mi ahora marido tocó una pieza (mi favorita) al violonchelo, pues es solista de la Real Orquesta de Sevilla, además de tener una carrera internacional espectacular. A mitad de la ceremonia tocó otra bonita pieza y luego, durante el cóctel, tocaron varios miembros de la Real Orquesta, a los que estamos muy agradecidos y felices de que vinieran a nuestra boda a acompañarnos y tocar.
La mesa y la vajilla eran de lujo. El palacete es precioso para ceremonias o festejos reducidos. La decoración floral de ensueño, de Jesús de la galería, la recomiendo totalmente; además tuvo el detalle de regalarme el ramo. Lo que me descolocó es que su mujer dijera que faltaban más de mil euros por abonar, dicho por la wedding planner sevillana, Cristina Amodeo. Ella es una muy buena profesional, sin tonterías y con mucha experiencia. Hubo algún detalle que no me gustó, pero ayudó mucho. La llamamos mil veces; creo que se dejó todo para el final y eso fue un error. Nos proporcionó el cojín para las alianzas y la caja para las arras, es de agradecer; esos detalles estuvieron muy bien. Vino a casa a ayudarme a vestir, cosa que agradecí pues estaba sola y fue muy duro. Me hice muchas fotos sin la capa del vestido, que era una preciosidad en seda y con cola. En muchas fotos me veo y no soy yo: estaba muy inflamada y mi pecho casi se veía y nadie me avisó. Ahí me llevé un gran disgusto.
La ceremonia fue bilingüe con Diana Lacroix, una gran profesional. Junto con Cristina hacen un buen equipo de profesionales. El menú fue estupendo y el servicio maravilloso. Lo que no me gustó tanto fue la pequeña sala donde se puso la música; eso no nos lo dijeron al principio, pues hay un patio de columnas precioso donde hicimos el baile de novios, pero luego para el resto de invitados era una sala con una humedad horrible donde estaba el DJ, que puso la música elegida por mí y cobró una cantidad importante, pasando de los mil euros. Si yo hubiera estado más fuerte lo habría organizado yo misma, pues las dos listas de música las elegí yo, una a una. Otra objeción fue que en ese maravilloso patio de columnas no había asientos cómodos para las personas mayores, como mis suegros y tíos que se desplazaron desde Brujas; los pobres estuvieron en un banco de madera, nada cómodos. Nos dimos cuenta después.
Otro detalle fue que, cuando contratamos el palacio, nos dijeron: «Estáis en vuestra casa», pero al final no fue así. Al menos pude hacerme alguna foto en la parte de arriba, muy bonitas, pero de las estancias que había (saloncitos que yo pensé para los mayores) no tuvimos acceso. Eso fue decepcionante. Cristina nos dijo que pagábamos un poco más pero tendríamos privacidad; no nos lo dijo claro o no lo entendimos. Lorenzo, el dueño, siempre amable y correcto; su madre, encantadora, le gustó mucho nuestra boda íntima. La verdad, para los asistentes en general, fue toda una boda de cuento.
Hasta aquí mi experiencia. Creo que, con lo vivido, me dedicaré profesionalmente a ser personal shopper enfocada en el asesoramiento a novias; me encanta, tenía los conocimientos y ahora mi propia experiencia.
Un saludo y aquí estoy para ayudaros.
Otras bodas en Sevilla
Ver todas
Inspírate con estas bodas
Deja tu comentario