La boda de Davide y Ana en Ardales, Málaga
Rústicas Verano Verde
D&A
20 Jul, 2019El día de nuestra boda
Habíamos planeado casi una "boda gitana": alquilar una casa rural donde pudiéramos estar tranquilamente 2 días y así aprovechar más, porque como se pasa tan rápido, quería tener la ocasión de estar un poco más de tiempo con la familia y los amigos cercanos. A los habituales nervios con los preparativos de una boda, nosotros sumamos los de preparar comidas y bebidas para entre 60 y 90 personas, y avíos para que durmieran unas 10, que era el excedente de plazas de la casa. El trabajo fue tremendo, tenemos una niña de 5 años y medio, que decía mucho que quería que llegara la boda, yo pensaba que era para divertirse con algunas amigas y primas, pero un par de semanas antes me enteré de que era porque estaba harta de que estuviéramos todo el rato con los preparativos, y para que acabáramos ya, ¡pobrecita! Gracias por la paciencia, mi niña.
Cuando el viernes habíamos llegado la mayoría de los que nos quedábamos ese día, decido hacer una caravana de coches para liberar el aparcamiento, le pido a mi padre que la encabece él, para yo seguir organizando, y dos segundos después, veo despeñarse mi coche por un barranco con mi padre dentro. ¡Gritando papá papá! Bajé corriendo entre los matorrales, hasta conseguir acercarme al coche que, había sido detenido por unas rocas. Hasta que no escuché su voz, desde dentro, decirme "estoy bien", no pude respirar. Cuando comprobé que efectivamente era así, que solo tenía un chichón grande en la cabeza y daño en la espinilla, me derrumbé a causa la tensión vivida, y una mezcla de sentimientos fueron sucediéndose en las horas siguientes: alivio, culpa, alegría, preocupación (porque también mi madre y a su marido habían sufrido un pequeño accidente en la casa cuando fueron a conocerla), miedo... Fue la peor experiencia de mi vida, y celebrábamos al día siguiente, pero justo este hecho, hizo que cambiara el tono de todo el fin de semana. Todo en lo que me había centrado: ¡todo! Perdió importancia, y ya solo me fijaba en que estábamos todos bien, en que estábamos juntos y en lo mucho que los quería a todos. Y en mis hermanas y en el resto de personas percibí ese mismo enfoque: centradas en el presente, sin importar mañana, sintiendo el amor que nos tenemos y el gozo de vivir y estar vivas. Y ya ves si gozamos que acabé el viernes siendo la última de la fiesta y viendo el amanecer. ¡Y claro! Mi hija me vino a despertar a la hora normal, por lo que el día de mi boda lo comencé habiendo dormido una hora, y con una marcha importante a mis espaldas, pero con la misma actitud calmada y libre de: ¡salga como salga no es tan importante!
Seguir leyendo »El sábado era cuando teníamos planeado hacer la ceremonia simbólica para celebrar nuestro compromiso, cuando llegaron los maestros de ceremonia hicimos un breve repaso de la misma, pero a la hora de comer no había probado aún cómo íbamos a colocar todo: sillas para los invitados, mesa de ceremonia, etc. Siguiendo los consejos de mi hermana, que me empezó a azuzar porque ya veía que se me echaba el tiempo encima y me faltaba casi todo, me puse las pilas y empecé a delegar, lo cual normalmente me cuesta. Me obligué a comer algo mientras le explicaba a un par de amigas cómo tenían que preparar la zona de la ceremonia, les di una foto con el resultado final y me encomendé a ellas, porque no tenía ni la posibilidad de supervisarlo pues a las 16:30 venían los peluqueros a prepararme, ¡ni tiempo para una pequeña siesta encontré! En lugar de eso, fue la ducha la que me devolvió un poco la frescura y la conciencia.
He de decir que, a pesar de mi avanzada edad (soy una novia de esas tardías), y del poco descanso, muchas amigas y familiares me decían, incluso antes de maquillarme, que no se me notaba nada. Espero que no fuera solo por lo buenas amigas que son. Así, tras la ducha y mientras me peinaban, pedí a mi cuñada que me ayudara con el ramo, que en realidad tenía que hacerlo entero, porque había llevado flores y quería confeccionarlo allí a mi gusto. Esos momentos previos a la celebración fueron muy bonitos, mi cuñada haciendo el ramo en mi habitación, ayudada por mi hermana, que hacía las veces de wedding planner e iba de acá para allá organizando, una buena amiga se encargaba de bañar y arreglar a mi hija y a la suya, y por otro lado, mi hermana Alejandra, la mujer de mi padre y unas amigas preparando toda la ceremonia, y elementos de la decoración de la zona de baile que también faltaba... Fue un despliegue de colaboración espontánea y amorosa que hizo que todo saliera perfecto y que agradezco de corazón.
Cuando me agarré del brazo de mi padre para iniciar el ascenso a la ceremonia, el incidente del día anterior, inundaba ese momento de sentido y de emoción. Sentirme acompañada por él, al encuentro del hombre al que había elegido como compañero fue hermoso y conmovedor. Y que oficiara la ceremonia mi terapeuta y maestro, un referente para mí en mi carrera profesional, fue el colofón. Cuando llegué arriba, del brazo de mi padre, con mi vestido super bonito y vi a las personas que más quiero reunidas, mirándome emocionadas, y a mi hombre de blanco, guapísimo, esperándome, con la mirada más limpia y más bonita que le había visto jamás, se me llenó el corazón de dicha, y aún hoy al recordarlo se me llenan los ojos de lágrimas.
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