La boda de David y Sonia en La Carolina, Jaén
Elegantes Verano Rojo
D&S
04 Ago, 2012El día de nuestra boda
Érase una vez... dos niños de cuatro años que se conocieron el primer día de colegio aunque no sería hasta 11 años después cuando sus miradas llenas de ilusión y cariño se cruzaron en las aulas, entre pupitres, libros y confidencias ¿Sería cupido? . Es por ello que quiero comenzar mi relato la tarde noche del día 3 de agosto donde comenzó el día de nuestra boda en una sesión de fotos que nos hizo recordar con amor cada uno de esos momentos de infancia tan especiales, y en un entorno tangible (fotos del colegio Palacios Rubio, nuestro cole).
Aunque llevamos viviendo juntos desde el 2007 y nos habíamos casado en un entorno idílico como Nueva York en el 2010 la noche previa a la boda dormimos cada uno en casa de sus padres, por aquello de la superstición.
Recuerdo que me levanté sobre las 10, había dormido bien, llevaba dos días mucho más tranquila de lo normal, pues ya lo tenía todo listo, los rincones del restaurante, los regalos, las flores... Tenía una sensación tan bonita, que cuando lo recuerdo tengo que hinchar el pecho de lo profunda que es mi respiración.
Seguir leyendo »A las 11 de la mañana tenía cita en la esteticista para hacerme la manicura. Fui caminando hasta allí algo avergonzada porque el día antes mi peluquera me había rizado el pelo (como trabajo previo al moño), seguro que sería mi sensación pero la gente me miraba con asombro.
Esa mañana no tuve que preocuparme por nada más, mis dos grandes amigos, Salva y Almu, se ocuparon de todo, nunca tendré palabras para agradecerles todo lo que hicieron aquel día. Recuerdo que los ví cuando llegué a casa, venían de la floristería y sus miradas de ilusión me hicieron sentirme mucho más tranquila.
El menú del día de la boda era para mí especial, le había pedido mi comida favorita a mi yaya, porque sabía que me la haría con cariño y que estaría tan buena que me daría las fuerzas que necesitaba para ese día. Comí sobre la 1. Recuerdo que mi padre me miraba con asombro al comprobar que me lo comía todo, mi madre mientras, estaba en la peluquería. Cuando terminé decidí que lo mejor era echarse una buena siesta para que mi cara estuviese perfecta para ese momento tan especial, es por ello que me fui a la cama ¡con pijama y todo! y dormí hasta las 14.30 h, aunque no sin antes mirar mi página de bodas.net donde fotografié que ya quedaban 0 días ¡me encantó!. Cuando me desperté de la siesta me habían traido mi ramo, era una rosa hecha con pétalos que me habían regalado, yo había elegido el color, pero el ramo fue toda una sorpresa.
La cita en la peluquería era a las 15 horas, debo decir que para mí era el momento de más nervios porque el tema del peinado me preocupaba muchísimo. Aunque la prueba del peinado no fue demasiado exitosa debo decir que ese día Carmen, mi peluquera, estaba muy inspirada y me hizo el peinado más bonito y perfecto que nunca hubiera soñado. Mi mejor amiga, Almudena , vino a mi rescate para llevarme a la esteticista, era 4 de agosto y hacía un sol de justicia. Llegué a la esteticién y allí encontré a mi madre que estaba poniéndose guapísima. Mi esteticién estaba embarazada y tenía una tranquilidad envidiable, por eso la elegí y porque me maquilló tan natural que me sentí guapísima desde el primer momento. La tarde iba pasando y el momento llegaba, la ilusión ya no tenía mesura.
Almudena me llevó a casa. Ya sólo tenía que ponerme mi precioso vestido, mis zapatos de princesa y bajar esas escaleras que mi madre tantas ganas tenía de que bajase vestida de novia.
Cuando Almudena llegó subimos a la habitación, allí estaba todo preparado sobre la cama, mi vestido colgado en las cortinas y me di cuenta de que por fin había llegado el momento. Me vestí con mi ropa interior, que tanto me había costado encontrar porque la quería muy especial. Fue entonces cuando Almudena me puso mi vestido. Mi vello se erizaba en el antebrazo, en las piernas y con cada lazo que apretaba, cada gota de sudor que la pobre recogía con un pañuelo de su frente restaba un segundo para el momento esperado. Carmen, la peluquera, llegó a ponerme la mantilla. No lo había dicho, pero nadie sabía que llevaría mantilla y fue, como muchas otras cosas, una sorpresa.
Serían las 19.30 h cuando decidí bajar las escaleras, abajo estaba toda mi familia y algunos y especiales amigos que me recibieron con un aplauso. Debo reconocer que fue el momento más extraño, de más vergüenza. Mi padre (adjunto foto) no me había visto y su cara fue todo un poema, es la sorpresa personificada. Me llevó a la salita donde el aire acondicionado me esperaba. Allí me hice una foto con mi gato, al que le habían regalado una pajarita y estaba vestido para el momento. Para mí es tan especial que no podía faltar.
No entendía nada, ya eran las 19.45 horas pero por algún motivo no podíamos salir. Yo escuchaba un jaleo tremendo en la calle, esperaba no ser yo la que provocaba tanta expectación, lo cierto es que debió ser todo un evento. David vive en la calle de al lado, así que prácticamente revolucionamos el vecindario y estoy segura que todo el mundo estaba deseando el momento tanto como nosotros pues han sido testigos de estos maravillosos 18 años de amor, nos han visto crecer y convertirnos en lo que hoy íbamos a ser, una mujer y hombre muy felices.
Por fin Antonio dijo con gran emoción que me hacía preveer que algo diferente al coche de mi hermano había allí y cuando salí con mi padre del brazo teníamos una limusina blanca que nos habían regalado, que era una sorpresa y que me hizo sentirme toda una princesa.
La boda se celebraba en un antiguo palacio del S. XVIII que ahora se utiliza como edificio para eventos civiles.
Llegué puntual, al menos eso creo, ya eran las 20 h y el momento tan esperado había llegado. En el camino veía la cara de mi padre ilusionado, las calles por las que había crecido y que ahora desde la distancia tanto echo de menos y todo me hacía pensar que ese día sería inolvidable.
Cuando llegué a la puerta ahí estaba David, tan guapo ahí esperándome en la alfombra roja. Subí las escaleras hacia donde se celebraba la ceremonia, todo el mundo subió detrás nuestro.
La concejala que dirigió la ceremonia, elegida por petición nuestra, había sido una amiga de la infancia que estaba muy emocionada y nos dedicó unas bellas palabras.
Dos lecturas fueron muy importantes, la de Pepi, una de mis mejores amigas, que nos leyó "La poesía de los amigos" y el cuento que Salva nos hizo personalmente titulado" Como dos gotas de agua", en el que cada uno de los invitados era un personaje y cumplía una funcionalidad caracterizada por su relación o entorno para nosotros. Fue muy emotivo porque además nos regaló una planta que regó con esas dos gotas de agua que éramos nosotros y nos recomendó que cuidásemos, al igual que de nuestra relación, de la rosa de los vientos, ya que era capaz de vencer todo lo que el tiempo y los elementos que en él confluyen pueden hacer tambalearse.
Llegó el momento de los anillos, el beso y finalmente ahí estábamos, llenos de arroz, guasa, pétalos y brindando frente a la gente por cortesía del chófer de la limusina.
Mientras, nuestros invitados se marcharon al cóctel que habíamos preparado lleno de sorpresas:
- Rincón del recuerdo: En él pusimos recuerdos de Jaén (nuestro origen) y Almería (nuestra residencia), así como un árbol hecho a mano con la poesía de los amigos. También hicimos unos periódicos con nuestra historia de amor.
- Rincón de la feria: Aunque era agosto no podía faltar el vino dulce, la manzanilla...
- Photo booth: Para que recordasen lo maravilloso que es dejarse llevar por ese lado infantil que todos tenemos.
Nosotros fuimos a hacernos las fotos a un antiguo teatro en el que vivimos momentos muy pero que muy mágicos.
Por fin llegamos al restaurante, sonaba la B.S.O. de "El Último Mohicano" y todos nos recibieron con mucho cariño, ilusionados y sorprendidos por todo lo que para ellos habíamos preparado.
En la entrada al restaurante las sorpresas comenzaron, primero por una tarjeta de agradecimiento en una pinza pintada a mano que yo había hecho personalmente para cada uno de los invitados. No había pasado demasiado rato cuando nuestros amigos, Salva, Almu, Tana y Migue aparecieron con una preciosa tarta de chucherías (adjunto fotos), con unos novios de playmobil emulando uno de los momentos más bonitos de nuestra boda en nueva York, la Estatua de la Libertad. Además llevaba un coche con una maleta en el maletero con un mensaje especial. ¡Qué bonitaaaa!
Más tarde, mientras cenábamos, llegaron nuestras sorpresas. Con micro en mano nos dispusimos a dedicar unas palabras y entregar unos regalos a personas muy muy especiales:
RAMO: Para las madres (con la canción " Es mi Madre " de Agustín Pantoja)
PLACAS GRABADAS: Para los padres y el fotógrafo ( nuestro primo)
NOVIOS DE PLAYMOBIL: Para las dos parejas siguientes. ( Música de Halo)
ROSAS DE CERÁMICA: Para mis floristeras.
La idea fue buenísima porque la gente estaba absolutamente entretenida. Además, había otro rincón: el rincón de las firmas, con post it para hacer un cuadro de deseos para los novios (foto).
Las sorpresas no habían acabado, al salir de la cena y antes de la barra libre el fotógrafo nos tenía una sorpresa, un guitarrista buenísimo nos tocaba en directo y sólo para nosotros nuestra canción. Disfrutamos muchísimo, porque además se quedó un buen rato. ¡Los invitados no querían que parase de tocar!
Más tarde y previo a nuestro baile nuestro amigos se dispusieron a proyectar lo que yo creía que era el power point de nuestra vida y cual fue nuestra sorpresa que lo que nos proyectaron fue un vídeo de todos nuestros familiares hablando sobre nosotros. Fue muy emotivo y un regalo tan especial que no sólo ocupa un lugar especial en nuestro hogar sino también en nuestro corazón pues fue genial ver a tantas personas y en esos lugares, habían ido a nuestras habitaciones, nuestra casa de la universidad. Debo decir que me costó muchísimo contener las lágrimas.
Finalmente decidimos hacer nuestro baile que compartimos con padrino y madrina.
La noche terminó por venir, bailamos, reimos, besamos, quisimos, hablamos. Momento especial fue el baile de los cantajuegos que unió a casi todos los invitados que por suerte nos acompañaron hasta muy muy tarde. Prueba de ello es la foto de mi yaya que salió con sus 84 años a bailar a las 5 de la mañana.
Cuando llegaron las 7.30 de la mañana, ya sólo quedábamos unos pocos, la gente había disfrutado mucho, a mí me dolía la cara de tanto besar, de tanto reír y mi corazón estaba tan ancho que aún no entiendo como cabía en ese pequeño vestido.
Estábamos muy felices, decidimos con nuestros grandes amigos, los que siempre nos acompañan, ir a otro sitio a tomar algo, así que fuimos a tomar la última, ya de día.
Y como toda buena noche y tal y como habíamos previsto acabamos desayunando churros con chocolate en la cafetería del barrio donde crecimos y fotografiándonos en el parque infantil sin muchas ganas de terminar la fiesta.
Serían las 11 cuando llegamos al hotel, nuestra boda había terminado, estábamos tan sobrepasados y tan felices que la sensación no nos dejaba dormir, nos tomamos un baño y empezamos a disfrutar de nuestra mañana de bodas, porque la noche ya la habíamos agotado con la gente a la que queremos.
Y colorín colorado este cuento no se ha acabado, lo que sigue a este relato lo dejaré para otra ocasión, pues no quiero excederme en el uso de la palabra escrita y seguir fielmente lo que me ha traido hasta aquí "el relato del día de mi boda".
Espero que os guste......las verdaderas historias de amor no tienen finales felices....PUES NO TIENEN FINAL.
Otras bodas en Jaén
Ver todas
Palacio de los Medinilla
Vandelvira&Eventos
Palacio de los Medinilla
Inspírate con estas bodas
1 comentario
Deja tu comentario