La boda de Dani y Laura en El Escorial, Madrid
Rústicas Otoño Blanco
D&L
12 Sep, 2015El día de nuestra boda
Nuestro día empezó desayunando juntos, de la mejor forma posible, como un sábado normal. Después nos despedimos porque empezaba la aventura de arreglarse por separado. Mis hermanas, mi madre y yo fuimos pasando por la peluquería y emprendimos camino a la finca. Habíamos estado el día anterior preparando varios detalles, así que ya sabíamos que estaría preciosa, pero aun así, cuando llegas a la finca el día de tu boda... no sé, hay algo especial en el aire, te parece más bonita que nunca y si, además, vas un poco justa de tiempo, como era mi caso, y te encuentras allí ya a casi todos los invitados, éstos te contagian su ilusión por estar allí. Los nervios se empiezan a mezclar con un montón de sentimientos de ternura por toda aquella gente que te mira con amor.
Sólo queda ponerse el vestido rápidamente, la típica crisis (o no tan típica, no sé) de repente no verte con alguno de los complementos que has elegido o darte cuenta de que tu pelo se veía mejor en la prueba que ahora. En mitad de ese agobio te das cuenta de que hay que salir, ves por un hueco estratégico a tu novio esperándote aún más nervioso de lo que estás tú y comprendes que estás pensando tonterías y que sólo quieres correr hacia él.
Seguir leyendo »Así que el Dj puso la preciosa canción de guitarra española que elegí para mi entrada, agarré a mi orgulloso padre, de cuya cara no me olvidaré, y nos lanzamos al altar "muy, muy deprisa" según el fotógrafo. Pero qué más daba, yo sólo quería estar allí ya y eso que mi mayor miedo meses atrás era ese momento en que todo el mundo mira a la novia. Al final resulta que lo único que tenía que hacer era sentir a mi padre cerca y mirar a Dani y a nadie más.
La ceremonia la diseñamos nosotros con las intervenciones de quien quisimos y con una ceremonia muy bonita en la que leímos nuestros votos y los guardamos en una caja, que abriremos siempre que estemos en apuros. A partir de ahí, Dani y yo apenas nos soltamos, nos sentíamos cómplices, abrumados por todo lo que nos quería la gente que estaba allí y nos dejamos querer. La cena y el cóctel fueron asturianos, como mi marido, con lo que a los madrileños nos gusta su cultura y jugar a escanciar sidra.
Otro detalle que para toda novia es importante fue mi vestido, que encontré cuando ya había perdido la esperanza de que hubiera un estilo para mí, pues todos me parecían iguales, grandes, de materiales bastos y duros, hasta que supe de Laure de Sazagan, que diseña vestidos de telas delicadas, vaporosos, con caída, naturales y nada aparatosos. Me enamoré de uno que encajó perfecto en mí y lo completé simplemente con una corona de hortensias y unas alpargatas. Me sentí como una novia tiene que sentirse, preciosa. Y por la noche, cuando quise cambiar el look, me pinté los labios de rojo y me puse una cazadora vaquera y quedó de lujo.
El sitio nos acompañó y pese a nuestros miedos, el tiempo también. Nuestra finca estaba llena de recovecos mágicos de estilo rústico y cenamos bajo un pinar iluminado por varias guirnaldas de bombillas que quedó precioso. Además, por si acaso refrescaba, pusimos setas calefactoras y mantitas, que terminó de hacer que la gente se fuera encantada.
Pasamos nervios sí, pero de los que recuerdas con cariño. No os diré que fue el día más feliz de mi vida porque eso es poner muy alta la presión por cumplir las expectativas, pero sí que es un día que no se olvida y si supierais lo que os espera, estaríais deseando vivirlo ya. Lástima que hasta que no llegue vuestro día no me entendáis del todo, pero que bonito será cuando lo hagáis…
Sed muy, muy felices, nosotros estamos en ello.
Otras bodas en Madrid
Ver todas
Inspírate con estas bodas
Deja tu comentario