La boda de Cristopher y Mireia en Rubi, Barcelona
Rústicas Invierno Amarillo
C&M
24 Dic, 2020El día de nuestra boda
Mi nombre es Mireia y quisiera compartir mi historia con todos vosotros. Me encantaría poder ayudar a otras parejas que se encuentren en una situación como la nuestra. Cristopher y yo decidimos casarnos el 27 de marzo de 2021, pero la vida nos sorprendió con un contratiempo terrible y no pudo ser así. Además de la pandemia, el 5 de octubre de 2020 le detectaron a mi padre un cáncer terminal. La enfermedad se encontraba en un punto tan avanzado que le dieron 6 meses de vida. Es por ello por lo que, siendo casarme el sueño de mi vida, decidimos adelantar la boda. Luchamos muchísimo para encontrar una fecha que nos permitiese celebrar una ceremonia "normal" dentro de la situación actual Covid-19 y fue complicadísimo.
Pero gracias a nuestras maravillosas familias logramos casarnos el 24 de diciembre de 2020, el día de nochebuena. Tengo que decir que todos los proveedores lo pusieron muy fácil. Tanto fotógrafos, como decoradora, videógrafos, restaurante e iglesia mostraron muchísimo interés en nuestra boda y no nos dejaron solos ni un momento. Fue una boda de 64 invitados: lo que permitía el 30% del aforo de la masía. Se celebró una parte en exterior para mayor seguridad de los invitados, se repartieron mascarillas y había gel por todas partes. Además, se le indicó al DJ que, si veía algún invitado sin mascarilla y no estaba comiendo y/o bebiendo, podía llamar su atención. Todos los invitados lo hicieron genial. Nadie se contagió ya que fuimos muy cuidadosos y fue una boda preciosa.
Seguir leyendo »La ceremonia en la iglesia fue muy emocionante. Una de mis mejores amigas tocó el piano y otra de ellas rezó por nosotros. Las damas de honor se vistieron conmigo y caminaron por el pueblo desde casa de mis padres hasta llegar a la iglesia tras el coche antiguo que me regaló mi padre. En el restaurante no hubo fiesta final, pero la gente bailó en su silla y lo dio todo durante la comida: cantaron con la mascarilla puesta, repartimos cestas de Navidad por sorteo, hubo muchísimos regalos navideños y detalles para los invitados, prepararon canciones... Fue "una fiesta de vida" en todo momento. Todo el mundo pudo despedirse de mi padre y recordar que vida solo hay una y que días como aquel son el regalo que nos vamos a llevar con nosotros. Un premio. Y lo más importante: el Covid-19 no pudo con el amor que sentimos.
Porque, aunque haya una pandemia, si las normativas lo permiten, todo se puede lograr. Debemos ser sensatos y conscientes que nuestra vida ha cambiado, pero eso no debe pararnos los pies. Haciendo las cosas con cabeza y cumpliendo la ley, todo está permitido. Seguramente no fue la boda que habíamos estado organizando de 125 personas, con mascarilla, sin fiesta ni baile final... Pero no la cambiaría por nada y la repetiría todos los días. Lo mejor de todo: mi padre fue feliz antes de partir. Hoy ya está en el cielo, como un ángel. Y le doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de vivir un día tan maravilloso a su lado. El más increíble que recuerdo en mis 28 años de vida. Atentamente: Mireia.
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