La boda de Beatriz y Carlos en Archidona, Málaga
Elegantes Verano Blanco 1 profesionales
B&C
27 Ago, 2021El día de nuestra boda
La verdad es que es algo difícil de describir, como cuesta describir un sueño. Esta aventura comenzó tras la decisión de pedir en matrimonio a mi actual mujer: buscar un anillo que deseas que sea único en tu vida, averiguar fechas y condicionantes a cuándo te podrás casar para elegir el día de en el que pedir matrimonio y, sobre todo, montar el día sin que se lo espere. Descubrí que había que hacer unos cursos prematrimoniales para poder casarnos por la iglesia y que solo se realizaban una vez al año en mi localidad, lo demás era un poquito más flexible.
Lo que más me costó fue decidirme por el anillo, ya que era la primera vez que compraba un anillo con intención tal, aunque anteriormente le dejase caer intencionalidad al hacerle un anillo de guita bajo la mesa en la boda de mi amiga y compañera Rocío. El hecho de que guardase ese anillo con tanto cariño fue algo muy bonito para mí.
El día tomó forma en una fiesta sorpresa de cumpleaños. No era la primera que hacía y aproveché para que estuviese familia y amigos. Así, al apagar las velas, me quedaría sin voz entre golondrinas mientras recitaba un poema de Becquer, que acabó con mi rodilla en el suelo y dando comienzo a la aventura que sería preparar el día de nuestra boda al sonido de aquel sí, quiero (y un "pues yo no me he enterado de nada" de su madre jajaja).
Seguir leyendo »Comenzaron por tanto las preguntas lógicas: ¿A quién vamos a invitar? ¿Dónde lo vamos a celebrar? Y, sobre todo, ¿cuándo? Yo pensé a 6 meses vista, lo cual convertiría la fecha en agosto, pero prudente mi mujer (en adelante Beatriz) pensó en que eran muchas cosas que preparar y que sería mejor plantearlo con 1 año, tomando por fecha febrero.
Lo primero fue apuntarnos a los cursos prematrimoniales que comenzarían dos semanas después de su fiesta de cumpleaños. Allí tuvimos oportunidad de hablar con el párroco y el padre Roberto, quien nos casaría. Nos reservó la fecha que habíamos pensado, el 27 de febrero, aprovechábamos una fiesta de Andalucía y era una fecha no demasiado concurrida.
Nos planteamos una primera lista de invitados por estimar un número aproximado de asistentes, no sabíamos lo que nos esperaba unas semanas después. Cabe decir que tras pedir su mano un 9 de febrero, se declararía el estado de alarma tal día con el 14 de marzo.
Comenzamos a pensar qué queríamos dar como detalle y que supusiera un recuerdo de la boda que realmente dijese algo de nosotros. En la invitación, que igualmente fuese bastante con nuestro gusto independientemente de lo que se llevase en el momento, a lo que ayudó bastante el que Beatriz tuviera guardadas las invitaciones de cuantas bodas habían caído en su poder.
La fuente de información 1ª: amigos y familiares que se ofrecen a aconsejar y a los que agradecimos enormemente cada consejo. Especialmente útil fue un libro Excel que nos pasó un amigo casado poco antes y que detallaba las partidas de presupuesto que supusieron su boda y en el que me basé para hacer el nuestro.
Fuente de información 2ª: internet, donde por casualidad Beatriz se topó con Bodas.net, que francamente fue una de las mejores fuentes de organización y búsqueda de proveedores. En especial nos felicitarían por el plano del "seating" que aprovechamos para sacar de aquí.
Nos encontramos que al estar en estado de alarma y comenzar las restricciones, comenzó también la incertidumbre sobre si se podría celebrar el día que teníamos previsto o no, lo que condicionó el poder grabar las alianzas y elegir detalles en los que pudiéramos personalizar la fecha en caso de tener que cambiarla poco tiempo antes a causa de la pandemia.
Así que entre más y más disquisiciones, acabamos por ir dando forma a los detalles que queríamos: diseñamos un logo base para la estética de la boda usando de base algunos diseños de internet, yo delinearía en un programa de dibujo técnico (Autocad), y que Beatriz convertiría en un símbolo precioso con acuarelas del mismo realizando auténticos cuadros hasta encontrar el modelo que de verdad nos gustaba aún tras digitalizarlo. Después tocó encargar un grabador láser y encargar y grabar libretas con portadas de papel kraft que no trajesen marcas ningunas (algo no tan fácil de conseguir como parece). Así, 10 meses después, ¡teníamos nuestro primer detalle terminado! (solo quedaban por grabar 199).
Además, quedaba por decidir las invitaciones, miles de ideas rondaban nuestras cabezas, desplegables, recortables... Pero ninguna que entrase en ese limitante de incertidumbre de la fecha acababa por encajarnos. Acabamos por optar a la solución que vimos más fiable y que más nos convencía: hacerla nosotros mismos. Aquí buscamos cómo podríamos hacerla y cuando tuvimos la idea nos pusimos manos a la obra: A4 de papel escogido y plegado mediante una plegadora casera de cartón y un bolígrafo de punta metálica redondeada, sobres rojos DIN C5 y muchas horas de Beatriz realizando el diseño completo de la invitación, tipografías, colocación, cargas de información sobre el papel y de mi parte el montaje final sobre el ordenador para poder sacarlas en la impresora.
Solo quedaba cómo darles el detalle final, que hiciese nuestra la invitación también por fuera, así que encargamos un sello para lacrar con el símbolo de la boda y lacre de 2 colores para darle un toque aún más original. El resto lo hicimos con una cuchara, una vela y papel de aluminio (lo de Do It Yourself no era broma).
Así llegamos a enero de este año, y no exagero ni un pelo si digo que menos mal que tuvimos en cuenta el criterio de que nada llevara la fecha y poder actualizar en los últimos momentos. Repuntaba ola de contagios y volvían las restricciones, por lo que decidimos aplazar la boda al verano por ser las fechas con menor incidencia del año anterior. Sorpresa no podemos decir que fuese cuando nos encontramos todas las fechas cogidas, pero logramos volver a poner de acuerdo a la Santa Madre Iglesia y el restaurante el mismo día, pero 6 meses después, un 27 de agosto a las 18:00 h (sí, viernes, pero no quedaba otra).
Para las flores si que contamos con La Gardenia, para el restaurante con el Hotel Restaurante Paneque, para los autobuses (aunque al final no los contratamos por incertidumbre e inquietudes de nuestros invitados) con recomendaciones del mismo restaurante Paneque. Para la música contamos con la inestimable ayuda de Juan Antonio contratado por el mismo restaurante, que logró que aún y con la mínima información y contactando apenas días antes del día clave, solo tuviéramos que preocuparnos de disfrutar poniendo incluso un tema personalizado para el baile.
Contamos también con Málaga Fotomatón y Foto Arjona para amenizar aún más la noche y así fuimos contando con proveedores que fueron más que eso auténticos colaboradores para poder hacer de aquel día, realmente un día especial.
El traje, tras mucho indagar, preferí no dejarme llevar por modas o recomendaciones que en cada tienda de trajes van dejando caer (chaqué ya que eres alto, ahora se llevan los forros tal, los zapatos es mejor cual...). Elegí el que me gustaba y no me arrepiento, no era ni el más caro ni el más barato, pero creo que ese criterio de principio a fin de la boda fue el mas acertado. Además, me hicieron la mascarilla de la misma tela que le sobró al traje tras arreglarlo y aún se ofrecieron a cambiármelo sin coste por una talla menos por el peso que había perdido en el año que había pasado desde que lo compré hasta que me lo arreglaron.
Así teníamos casi todo, salvo la mesa dulce que dadas las reticencias y críticas también nos curamos en salud haciéndola nosotros mismos. Nos supuso la semana de antes de la boda estar varios días y noches realizando paquetitos de gominolas en barquitas de cartón, guantes y mascarillas al mas puro Dr. House, con una balanza para que todos fuesen iguales, y embolsados entre otros detalles. Un amigo de Beatriz nos dejaría el atrezo para adornar la mesa y que, aunque quede feo que yo lo diga, me encantó como quedó. Pienso que no le faltó detalle, hasta Goku y Chichí estaban en esa mesa vestidos de novios.
Dos días antes solo nos quedó ir al restaurante a llevar los detalles que repartiríamos, a montar la mesa dulce y a colocar sobres con gel hidroalcohólico en los sitios que ya tenía tenía dispuestos el restaurante conforme a la disposición que nosotros mismos les habíamos señalado. Nuestro amigo, Alberto, se prestaría voluntario para llevarme ese día a la iglesia junto a mi madre, mi hermana montaría cartuchos de arroz para enterrar a un valenciano... Y así llegamos al día.
Me desperté en casa de mi madre tras haber pasado media noche repasando la colocación y posición de cada detalle que se me había podido ocurrir, así como repasando videos de como atar los cordones de los zapatos para que quedasen lo mejor posible (supongo que los nervios por que todo salga bien lleva a las situaciones mas disparatadas).
Desayunamos bien y tras repasar todo una vez más llegaría mi hermano mayor para vestirme cuando llegase el fotógrafo. Todo estaba en su sitio y a mi madre y hermana las peinaban mientras esperábamos.
Ricardo, de Foto Arjona, llegaría puntual colocando cada accesorio como mejor le pareció (a tomar por saco colocaciones) y realizando una labor encomiable por que yo sonriese a pesar de los nervios. Se iría y yo me volvería a desvestir para darme otra ducha (quería estar perfecto una vez mas cuando llegase la novia por la puerta de la iglesia).
Nos recogen Alberto y Anabel (su novia), en la puerta de casa de mi madre y llegamos a la iglesia con media hora de antelación, ya se encontraba Julián Laguna Vicioso colocando sus cosas y los invitados esperaban en la puerta de la iglesia para entrar. Al llegar entre piropos e infinitas muestras de cariño dije a todos que entraran que el sol haría estragos si seguían allí y me dirigí al altar, donde me esperaba el Padre Roberto, que bromearía un poquito por quitarme un poco el nerviosismo y pienso que asegurarse de que no me diese algo vistos los nervios que gastaba jeje.
A las 18:00 exactas cambia la música, se hace el silencio en la parroquia y los últimos rezagados toman su sitio, solo se escucha la música mientras la luz blanca que solo el sol de un día de agosto puede dar baña la entrada de la iglesia impidiendo ver nada más allá y una figura se abre paso desde la luz.
Beatriz entra del brazo de su padre y se dirigen al altar, no alcanzo ni a escuchar las numerosas muestras de cariño con la que nuestros familiares y amigos sabía la estaban envolviendo. Solo podía verla como si de una cámara lenta se tratase acercándose por aquella alfombra roja entre las figuras de las flores y la figura de los vestidos de la gente. Estaba preciosa, a cada pincelada que esculpía aquella preciosa mujer que me sonreía al llegar al altar y cambiaba a un semblante serio al atender al Padre Roberto que comenzaba a hablarnos.
La ceremonia fue preciosa y no faltó siquiera el detalle anecdótico de un perro que nadie sabía de donde salió, se pasease por la iglesia y altar como si allí estuviese la pelota con la que jugar. Mis sobrinos nos traerían los anillos y las arras, nuestros amigos leerían consejos y pasajes y leo dos veces las peticiones por las que pregunto a Beatriz si quiere ser mi esposa. No hay si con mayor eco en el alma de una persona.
Al salir nos sembrarían con quilos y quilos de arroz, brindaríamos al son del corcho que volaría de las manos del hermano de Beatriz y nos dirigiríamos a hacernos algunas fotos en la iglesia del patrón del pueblo y en la ermita patrona y custodia del mismo. Enclave mágico no solo por su belleza, sino por su historia y tradición.
Llegaríamos al convite a las 21:45, ya llevaban 45 minutos disfrutando del lugar entre comida y bebida en el Restaurante Paneque y a nosotros a penas sí nos dio tiempo a llegar y dar paso a la gente al salón de celebraciones donde cenaríamos de mano del maestro de ceremonias, Jesús.
Nos subiríamos al salón que tienen adecuado para poder esperar y retocarnos antes de dar entrada al banquete mientras la gente entraba y se sentaba en sus respectivos sitios. Así entramos al salón al sonido de Sweet Child o'Mine, brindaríamos por salud y agradecimientos a todos los asistentes rodeados de nuestros padres y bajamos la escalinata, avanzando entre la gente hasta nuestra mesa.
La cena estuvo deliciosa a mi parecer y a quien lo quiso le prepararon otra cosa. Solo me supo mal que no tuvimos tiempo de poder saludar como queríamos a todos, aunque todos lo entendieron e igualmente creo que se lo pasaron bien. Incluso nos sorprenderían con un video que habían grabado con versos de mi ya cuñado por esas horas todos nuestros amigos desde los distintos puntos de España donde se encuentran repartidos en su día a día. Estuvieran allí aquel día o no estuvieron todos muy presentes.
Abriríamos la barra libre con una bachata que interrumpiríamos con un tango, que no creo que se esperase nadie y que también fue un momento precioso con Beatriz. La barra libre fue corta, ya que por restricciones el horario fue muy limitado, pero aún así me dio juego a sudar lo mío mientras alternábamos y bailábamos por doquier.
Mucha gente hizo esfuerzos encomiables por estar allí aquel día con nosotros y no puedo expresar el agradecimiento por hacer entre todos de aquél día lo que llegó a ser. La celebración, aunque se hizo muy corta por las restricciones de horario que se imponían, no dejó de ser igualmente preciosa e intensa. Sobre todo, cargada por esas miradas cómplices con quien has elegido compartir el resto de tu vida y de la magia que da sentirse correspondido.
Servicios y Profesionales de la Boda de Beatriz y Carlos
Otras bodas en Málaga
Ver todas
B Bou Hotel Cortijo Bravo
Finca Bella Vista
Hotel Estival Torrequebrada
Inspírate con estas bodas
Deja tu comentario