La boda de Antonio y Tamara en Yepes, Toledo
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A&T
06 Oct, 2018El día de nuestra boda
Eran casi las 2 de la mañana cuando nos estábamos metiendo en la cama y por whatsapp repasábamos juntos lo poco que teníamos que decir en la ceremonia. Decidimos que aquella noche cada uno dormiría en casa de sus padres para darle más emoción al encuentro. Los nervios nos hicieron descansar mal, pero por fin llegó el día.
Recuerdo que cuando me alteraba, cogía aire y me decía a mí misma: “ya mañana será un recuerdo...”. Llegó la hora y empezaron a peinarnos y maquillarnos. Cuando fui consciente de que ya no podía hacer más de lo que había hecho, conseguí relajarme y disfrutar.
Comenzó a llegar gente a casa justo cuando empecé a vestirme. Mi vestido era de tres piezas: top, falda y camiseta. Algo muy diferente a lo que estamos acostumbradas, pero era el único con lo que me veía realmente yo, sin sentirme disfrazada. No llevé velo, sino una ligera caída de color rosa muy suave.
Elegí las flores preservadas para el ramo y el tocado. Los distintos tonos de rosa alegraban el blanco neutro del vestido. ¡Mi ramo me encantó! Los zapatos y el color de los labios los llevaba en un descarado rosa fucsia.
Seguir leyendo »Al llegar a la bodega vi a mi tío José María en la puerta esperándome. Por desgracia, mi padre ya no estaba para acompañarme. Podría haberlo hecho mi madre, pero me apetecía que fuera una figura masculina y a ser posible, de la familia de mi padre, por lo que elegí al más guapo de todos, al hermano pequeño de mi padre.
Vega, la hija de mi mejor amiga con solo 2 años y medio sacó delante de mí un cartel que decía: “última oportunidad para salir corriendo”.
Los nervios no volvieron a atacarme hasta que llegamos al pie de la ceremonia y sentí los ojos de todos pendientes de mí. Entonces, el labio empezó a templarme como no lo había hecho nunca, pero seguimos avanzando y pronto llegué a los pies de Antonio, mi prometido. Allí estaba, impaciente y guapísimo con un traje negro que realzaba sus facciones y unos ojos brillosos que perdonaban mí ya anunciada demora.
Hicimos el enlace en un amplio césped rodeados de viñedos y con el palomar de fondo. El sol se hacía notar, mientras el oficiante daba paso a los autores de una ceremonia de lo más emotiva. Solo los presentes saben lo que digo.
Al hacer todo en el mismo sitio, apenas nos ausentamos del cóctel y aprovechamos para hacernos fotos con los distintos grupos de familiares y amigos en el photocall que preparamos nosotros mismos. Hasta la comida, no probamos bocado.
El día antes pudimos apreciar lo bonito que lucía el salón vestido con la combinación de manteles que elegimos en color rosa maquillaje y las sillas doradas de la bodega. Los ventanales dejaban ver el color predominante del verde y regalaban sensación de amplitud. Aquel día, casi 300 personas esperaban nuestra apoteósica entrada y no les defraudamos.
La comida no se alargó más de la cuenta, por lo que pudimos empezar la barra libre a la hora esperada. Nuestro amago de baile fue el comienzo de horas de bailoteo.
Las 5 horas de barra libre se nos escaparon saludando a todos los que podíamos, bailando con los amigos, haciéndonos fotos durante la caída del sol y otras no tan profesionales en el fotomatón, degustando la recena y bailando un poco de música electrónica improvisada para el cierre.
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