La boda de Andrés y Laia en Caldes De Montbui, Barcelona
Rústicas Primavera Verde 3 profesionales
A&L
31 May, 2025El día de nuestra boda
¿Y si te dijera que nos casamos en mitad de un bosque mientras sonaba una banda sonora digna de Bridgerton? Que no hubo primer baile, pero sí pizzas de metro a las 3 de la mañana. Que no elegimos protocolo, sino pura naturalidad.
El 31 de mayo de 2025 celebramos una boda sin etiquetas, sin prisas, sin guión. Una ceremonia simbólica en una finca catalana rodeada de árboles, con un vestido que entendía mi cuerpo y amigos que celebraban nuestro amor. Fue alegre, ligera, espontánea y brutalmente honesta. Como nosotros.
El día empezó con risas, café y un recogido que aguantó hasta el final
Me preparé en una de las habitaciones de Torre Sever preparadas para los novios. Y con buena compañía, las 2 horas maquillándote y peinándote pasan volando.
El vestido era el modelo Lucille de Auguro Sempre. Llevaba unos zapatos de la marca Buffalo, abiertos, con tacón cuadrado y bajo. Cómodos. Veraniegos. Olvídate del cliché de la novia que sufre por los tacones. Joyas de Tous y Pandora en oro y perlas, orgánicas. Todo fluía.
Seguir leyendo »Al estilo Bridgerton, pero con descaro
El trayecto a la ceremonia fue intenso y breve. A pie, con las flores y la música envolviéndolo todo. Me acompañó una de mis amigas, que es casi también un poco madre. Bajé por las escaleras hacia el bosque al ritmo de Hentai de Rosalía, en versión cello (fue brutal). Las damas estaban más nerviosas que yo. Yo solo quería llegar y vivirlo.
La ceremonia: simbólica, desenfadada y con discursos para recordar una y otra vez
Nos casamos en medio del bosque. Una ceremonia simbólica, dirigida por mi mejor amigo, que fue ceremoniante y cómplice. Hubo discursos de amigos, de damas y damos de honor, y uno especialmente emocionante de mis suegros. Tuvo la duración justa (20min). Perfecta para que la gente esté atenta, sin distraerse. Lo suficientemente larga para disfrutarla.
Queso, jamón y mucha (mucha) comida
Después de la ceremonia, caminamos con todos los invitados hacia la zona del aperitivo. Había un buffet de quesos, un buffet de embutidos catalanes, un cortador de jamón y 17 entrantes que reflejaban nuestros platos favoritos. Un canelón de pato e higos, un ravioli crujiente de secreto ibérico, salmón marinado a la crema de limón y el arroz al estilo ramen fueron las estrellas de la noche.
La cena fue en una sala con paredes de cristal y vistas al bosque. La idea era hacerla exterior, pero el calor y una lluvia inesperada de verano nos cambió el plan. ¿El resultado? Igual de mágico. Sirvieron una corvina al ajo quemado de primero, seguida de un pato en salsa Hoisin con manzana y patata caramelizadas, un sorbete de fresa y un pastel de caramelo salado y chocolate. Hubo brindis, muchos. Cortamos el pastel, repartimos regalos y dividí el ramo en dos para entregarlo a dos parejas muy especiales... A las que esperamos que usen Bodas.net pronto y anuncien su boda.
Decoración silvestre, sin pretensiones
La decoración fue obra de Laia Claramunt junto a Torre Sever. Flores de colores intensos sobre musgo, luz cálida, vajilla cuidada, manteles blancos con caminos naturales y mesas rodeadas de sillas de madera. Rústico pero elegante. Natural pero vibrante.
Sin primer baile, pero con mucha pista
No hicimos primer baile. No somos de coreografías forzadas. Pero sí bailamos toda la noche (¡nos dieron las 4!). Mezclamos estilos: hardstyle, pop, reggaetón... Y cuando ya parecía que no podíamos más, llegaron las pizzas de uno de nuestros locales favoritos y de toda la vida: las Pizzes d’Herber. Enormes, de metro, irresistibles. Se evaporaron.
El broche final para los invitados
El regalo y recuerdo que se llevaron los invitados fue, en parte, también una experiencia. Con las fotos que hicimos durante el aperitivo, organizamos junto a nuestro fotógrafo y varias personas de confianza un plan digno de Netflix: la idea era enviar las fotos a imprimir, enmarcarlas y dar una copia a cada pareja o invitado. Y así fue. En solo 3 horas. Parecía casi imposible. Pero lo lograron. Las repartimos durante los cafés. Y hoy forman parte de los comedores, habitaciones, escritorios y vitrinas de todas las personas que queremos y que nos acompañaron en un día tan único.
Un cierre por todo lo alto
Bailamos hasta que dolieron los pies. Aquella noche no fuimos novios. Fuimos los protagonistas de todo el esfuerzo que llevábamos preparando durante meses. Y valió la pena. Mucho. Fue una experiencia muy nuestra. Con grupos de amigos que jamás pensábamos que se llevarían bien, juntos.
Y si pudiera volver a ese instante, lo haría con los ojos cerrados y el corazón lleno. Porque así fue nuestra boda: sincera y preciosa. Justo como queríamos.
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