El peor error de nuestra boda
Contratamos Romerías (empresa del grupo Torobus, junto con Libery, Viajes Morales y Voyenbus) para el transporte de nuestra boda porque era la opción más económica. Fue, sin duda, el mayor error de la organización.
El contacto con la empresa ya fue complicado desde el principio. Por correo electrónico era prácticamente imposible obtener respuesta; la única forma de comunicarse era llamando directamente al director, que sí respondía y resolvía las dudas.
El viaje de ida desde León a Bodegas Vitalis fue correcto. El primer viaje de vuelta también, aunque el conductor llegó antes de la hora prevista y no informó claramente de cuándo iba a salir.
El desastre llegó con el segundo viaje de vuelta. El autobús apareció sobre la 1:20 de la madrugada cuando la salida estaba contratada para las 3:00, al finalizar la boda. Como sucede en cualquier boda, al terminar había invitados despidiéndose, otros en el baño y nosotros, los novios, recogiendo algunas cosas que dejaríamos en la bodega hasta el día siguiente. Nos retrasamos aproximadamente 15 minutos, algo que asumimos completamente y desde el primer momento dejamos claro al director.
Lo que es completamente inadmisible es que el conductor decidiera marcharse sin avisar a nadie. No tocó el claxon, no bajó del autobús, no preguntó por los novios, no buscó a ningún responsable del evento ni hizo el más mínimo intento de localizar a los pasajeros. Simplemente arrancó y dejó tiradas a unas 55 personas en Bodegas Vitalis, a unos 25 km de León.
Y aquí viene lo más grave: no teníamos ningún teléfono del conductor ni ninguna forma de contactar con él. Si el autobús se iba, nosotros no teníamos manera de llamarle para pedirle que volviera.
La única razón por la que el autobús regresó fue porque mi pobre suegro, extranjero, estaba sentado completamente solo dentro del vehículo, y algunos invitados sabían que estaba ahí. Gracias a que conseguimos hablar con él por teléfono, mi hermano pudo pedirle que pasara el móvil al conductor y exigirle que diera la vuelta, amenazándole con demandarle personalmente. El conductor, sin embargo, niega esta versión y sostiene a la empresa que volvió por iniciativa propia. Sinceramente, cuesta creerlo cuando ya estaba circulando hacia León por la autopista, por el motel Cancún como la propia empresa pudo ver en el navegador.
Si mi suegro no hubiera estado dentro del autobús, nos habríamos quedado allí todos los invitados y los novios, sin ningún medio para contactar con el conductor ni para volver a León.
Hablando con la propia bodega y otros proveedores, todos coincidieron en que jamás habían visto algo parecido. Ellos mismos nos dijeron que ya saben perfectamente qué empresa no volverán a recomendar para ningún evento.
Para rematar, el conductor ni siquiera informó a la empresa de lo sucedido. Fue el director quien se enteró porque llamé personalmente el lunes siguiente. Su respuesta fueron unas disculpas y la promesa de abrir un expediente al conductor. Hasta ahí llegó todo.
Después de pagar 900 € por un servicio de transporte para nuestra boda, no hemos recibido ningún tipo de compensación, ni un gesto comercial, ni una devolución parcial, absolutamente nada. Solo las disculpas del director, que al menos dio la cara, porque del conductor no recibimos ni una explicación.
Una situación completamente evitable arruinó el final de un día irrepetible. Un simple toque de claxon, bajarse un minuto del autobús o preguntar si faltaba alguien habría evitado todo esto.
No recomiendo esta empresa bajo ningún concepto para una boda o cualquier evento importante. Ahorrarse algo de dinero en el presupuesto no compensa el riesgo de encontrarte con un conductor que decide abandonar a decenas de personas sin previo aviso y sin posibilidad alguna de contactar con él.