La boda de Joseba y Janire en Sodupe, Vizcaya
Rústicas Verano Verde 5 profesionales
J&J
08 Ago, 2026El día de nuestra boda
Escribo estas líneas desde lo que a día de hoy, 28 de agosto de 2026, sigue siendo el más dulce sueño. Hace apenas 20 días de nuestro SÍ, o mejor dicho, en nuestro caso, del NIK TAMBIÉN (esto lo voy a explicar un poco más adelante porque es una expersión que para nosotros tiene mucho sentido y es muy especial).
El sábado que me hizo empezar a volar en esta maravillosa ensoñación comenzó con el día un poquito nublado, algunas nubes blancas pero espesas coronaban la cima del Eretza, el monte al que saludo cada mañana al abrir la ventana. Algunos pronósticos meterológicos habían estado augurando posible lluvias aisladas en las primeras horas matutinas, mientras que los más halagüeños las anunciaban para última hora de la tarde, sobre todo en el interior de mi querida Bizkaia. Sodupe amanecía algo cerrado pero poco a poco esas nube se fueron disipando, quedándose, algunas, enganchadas en las hendiduras de las colinas, como si fueran retazos de algodón. Lentamente el sol fue asomándose tímidamente y dejando un cielo de un color azul intenso que acompañó a todas las personas invitadas a la ceremonia a su entrada en la iglesia.
Seguir leyendo »Temprano y sorprendentemente tranquila llegué a la peluquería, era oficial, comenzaba una aventura única e irrepetible. En mi "pelu" de confianza, con mis ya amigas Vero, Aura, Eva y Mónica que trabajaron sin descanso para dejarnos a todas las bellas damas de la casa como auténticas princesas, disfruté muchísimo de cada palabra, cada gesto, cada sonrisa de mis chicas. Fue muy bonito vivir todo ese amor y cariño que sentimos, de hecho, me disculpo de antemano si en la lectura de esta crónica, querida persona lectora, aprecias que repito mucho esta frase o describo demasiadas veces lo querida que me sentí (y me sigo sintiendo).
En lo que la sesión de belleza terminaba, llegaron a mi casa (mi piso) Olatz e Iñigo (fotografía y vídeo respectivamente) y empezaron a recolectar material audiovisual aprovechando que ama (mi madre) ya estaba de vuelta de la pelu. Fue llegar yo y ponerme la ropa interior, el camisón y la bata para un par de fotos previas a engalanarme con mi vestido. He de decir que para ese momento mi ama que ya esaba prácticamente vestida al competo a falta del tocado, estaba guapísima y lista para ayudarme con todas las capas, cancán, metros de tela de la cola... No sé cómo describir el momento fotos mientras me iba conviertiendo en la princesa que siempre soñé, de pronto sentí que estaba dentro de un cuento.
Mi mejor amiga que tenía que venir a ayudarme se retrasó en el centro de belleza y llegó cuando ya estaba completamente vestida, gracias a Olatz que capturó su llegada a casa, toda mona peinada y maquillada pero vestida con sus pantalones cortos en plan guiri en Benidorm. Su cara al encontrarse a la novia ya para ponerla en el altar es insuperable. También en un adelanto de las fotos oficiales he podido ver a Vero, mi peluquera de confianza en pleno proceso de ponerme el velo y la tiara; cómo me gusta ver inmortalizada a toda esta gente especial para que siempre recuerde que estuvieron ahí.
Y en toda la vorágine de llegadas a mi salón y cuando mi hogar se empezaba a convertir en el camarote de los hermanos Marx, aparece mi aita (mi padre) y nos regala unos momentos fotográficos que no se repetían desde mi comunión. En aquel 18 de mayo de 2003, tras cinco años de separación los tuve a los 2 juntos y el pasado día 8 de agosto de 2026 se repitió, tal y como ocurre con los fenómenos astronómicos, 23 años después volví a tenerlos a los dos a mi lado, sonriendo y guapisímos, listos para acompañarme hacia el altar. Fue como ver un eclipse, como si los planetas se hubieran juntado o una lluvia de estrellas engalanara la bóveda celeste de una noche de verano. Raro, hermoso, único.
En plena sesión familiar llaman a la puerta y llegan mi tía (mi segunda madre) y mi primo (casi un hermano para mí) y más fotos con la familia en el salón de casa (sí, lo sé, me repito mucho, pero es que estuve 35 minutos sin poder moverme del salón, de hecho se me olvidó hasta ponerme el perfume que había elegido para ese día entre tanta distracción. Ah! y casi se me olvida pero he de decir que la primera persona que vio mi look princesil fue mi gran vecina Vitori. Ay, qué tierna cuando entró y emocionadísima me dijo que estaba radiante, la pobre no podía dejar de hacer pucheros... me ha visto crecer, ha conocido a Joseba desde que empezamos a salir juntos hace casi 15 años... es prácticamente familia, su marido y ella nos adoran y nosotros los adoramos a ellos, ojalá todas las personas que conozco tuvieran vecinos así en sus vidas porque son aire fresco.
Prosigo que me enrollo como las persianas y voy a terminar haciendo la crónica de la boda en capítulos como buena telenovela turca... amatxo maitea 7 párrafos y todavía no he salido ni de casa... perdón y gracias a quienes ya hayáis llegado hasta aquí, podéis ir a por un refresco y unas palomitas que intuyo que esto va para largo.
Por fin salgo de casa, con toda mi gente alrededor y me subo en el espectacular Rolls Royce negro que habíamos contratado con Lecars Vintage, toda una joya del automovilismo. Casarte el 8 de agosto en Sodupe implica que las fiestas patronales de San Loreno hayan comenzado ya muy posiblemente, y esto mismo ocurrió en este 2026, todo perfectamente coordinado desde que elegimos la fecha ya que el objetivo era terminar la fiesta con olor a bocata de bacon o lomo-queso en las txoznas del pueblo. Mi llegada a la iglesia (vivo a 130 metros), se vio liegeramente interrumpida por el paso de la carrera ciclista que suele tener lugar en alguna de las mañanas del programa festivo. Además, en la Herriko Plaza el concusro gastronómico de ese día era el tradicional marmitako con lo cual la aparición del coche de la novia atrajo más personas curiosas que cualquier otro sábado a la puerta de la iglesia. Cero drama con esto, lo cierto es que ver que todo el pueblo por un segundo participó de nuestro día me pone la piel de gallina. Me sentí toda una celebrity.
Hasta que no salí del coche y fui plenamente consciente que al final del pasillo que me disponía a recorrer estaba el amor de mi vida, con quien llevo casi 3 lustros de relación, esperando, soñando y anhelando este momento, no me puse realmente nerviosa. Fue salir, ver a mis damitas y mi paje, mis padrinos especiales (mi amiga y mi primo) y a tanta gente a la que adoramos y nos quieren, vestidos tan guapos, tan emocionacionados... que ahí ya me rompí. En el pasillo. Verme junto a mi aita, caminando hacia Joseba... Dios mío, ¡qué guapo estaba! al llegar hasta él no lo pude evitar, lo abracé con intensidad, no dejaba de repetirle lo espectacular que estaba... y sí, él llorando, yo llorando, todos llorando... vaya cuadro todo. Empezaba la ceremonia entre lágrimas. El coro cantando Zurekin batera, nuestros amigos pañuelo en mano, nosotros abrazados como dos Magdalenas. Elotro día una de las invitadas me dijo que le encantó cómo me abracé a Joseba como si llevara meses sin verlo, que le pareció una reacción preciosa.
La decoración de la iglesia era espectacular, Gonzalo hizo un trabajo increíble. Mi querido San Lorenzo estaba ahí, en el altar, mirando al cielo como dando gracias por poder ser testigo de tan especial momento.
Nos sentamos y la ceremonia fue preciosa y larga. No fuimos conscientes de que la misa duró 1h y 20 minutos, la verdad es que se nos fue el tiempo volando y no solo a nosotros, los invitados, muchos de los cuales no frecuentan eventos religiosos nos dijeron que la ceremonia fue divina y que les encantó lo disfrutones y naturales que estuvimos en todo momento. Lo cierto es que todo el tiempo nos sentimos realmente cómodos, claro después de haberlo llorado todo antes de empezar y de ver lo guapos que estábamos los nervios se fueron, al menos en mi caso; a Joseba le costó un poco más deshacerse de ellos, no fue hasta que leyó sus votos cuando se relajó y disfrutómucho más de todo.
Elegimos la tradicional ceremonia de intercambio de alianzas y arras porque es lo clásico y somos muy de arraigo, pero también tuvimos un par de símbolos que eran importantes para nosotros: el rito de la rosa y el de luz, más utilizados en ceremonias civiles. Con la luz de una argizaiola (una pieza de madera con una vela de cera natural enrosacada muy usada en las iglesias vascas para honrar a los difuntos) encendimos cada uno su vela. La luz provenía de quienes nos precedieron, nuestros antepasados, esas llamas individuales se juntaron en una tercera vela que representaba nuestra unión, la pareja que formamos. Es una luz que encendíamos ese día como recordatorio de lo que prometíamos ante todo el mundo allí presente y ante Dios, una luz que en nuestra oscuridad deberemos encender en casa cuando lo que nos aleje de ese amor nos impida encontrarnos el uno al otro. Esa llama será la señal que recuerde que todo lo prometido sigue ahí, que solo un abrazo, un te quiero, un nuevo acercameinto deberá apagarla con un soplido conjuto, mejilla con mejilla.
Y la rosa, una simple flor que al tomarla entre nuestras manos pasa a ser otro testigo silencioso de nuestro enlace. Algo bello, puro y aromático; un recordatorio de la fragilidad y la senescencia de todas las cosas, por hermosas que sean. Ella presidirá nuestro hogar, mientras pasa el tiempo, sus pétalos cambiarán y su color mutará; cuando pase un año, en el aniversario de nuestra boda la cambiaremos por una fresca, como signo de renovación de los votos, como promesa perpetua.
Terminada la ceremonia y hechas las pertinentes fotos con el coro, las vecinas del pueblo, los conocidos y demás, salimos para ser bombardeados con cañones de confeti y pétalos de flores (echamos de menos el arroz y eso que estaban avisados...). Atravesamos un pasillo de aros y espadas en alto sotenidas por los miembros de mi grupo de danzas, todos con sus trajes regionales, guapísimos, elegantísimos; y a final mi niño, mi pequeño aprendiz, mi txikitxu, Saúl. Me había engañado a más no poder, me dijo que se iba a Francia de vacaciones el día anterior y que se lo perdía, pero no, ahí estaba, frente a nosotros, listo para hacer el aurresku de honor, con sus casi 16 añitos... segunda llorera de la que suscribe (releyendo para corregir fallos tipográficos, me he dado cuenta que no fue la segunda como tal, de hecho en los votos lloré y también reí y cuando leyeron unas cartas nuestros amigos alguna lagrimilla se nos escapó). Al aurresku lo siguió el bailoteo con el grupo, un polka pik con los novios para terminar y luego todos a los autobuses para ir al restaurante.
Llegada al Baserri Maitea en Forua con algo de retraso, y nos preparamos para la entrada a la zona de cóctel al ritmo de Amaren besoetan y envueltos en amor con forma de pompas de jabón atravesamos el jardín donde se hacía el piscolabis. A nuestros invitados les esperaba una sorpresa en un rinconcito ya que pusimos un altarcito con las fotos de aquellas personas cuyas miradas ese día brillaban desde lo alto, y que sin su presencia no podía haber fiesta ni celebración; o estábamos todos presentes o no se podía festejar nada.
Mientras todos se ponían la botas con el jamón recién cortadito y le hacían varias visitas al cortador, a nosotros nos tocó una breve sesión de fotos juntos en una zona ajardinada cercana. Llegado el momento de entrar al comedor suenan la alboka y la txalaparta y novios para dentro. La gente en pie, con sus pañuelos de cuadros al aire y la fiesta ahora sí que era un hecho.
Varios detalles que se encontraron en las mesas: los marcasitios eran los ya mencionados zapiak (pañuelos) con sus nombres bordados y en las mesas de los amigos alguno y alguna se encontró un sobre con cierta misión que cumplir... lo habéis adivinado, era un juego de capitanes de mesa, pero como teníamos súper claro que no queríamos que fuera un juego para incitar a la gente a beber más, les pusimos retos. El capitán o la capitana de la mesa era responsable de estar al loro de lo que en otras mesas se dijera para dar la orden y ejecutar una accion. Por ejemplo: si en otra mesa alguien decía "muxu bat" o "que se besen" que es lo mismo, el capitán alzaba una paletita donde ponía la acción que toda su mesa debía realizar, en este caso era hacer el helicóptero con la servilleta.
La comida fue ESPECTACULAR, sí lo digo en mayúsculas porque estaba todo de 100, la verdad es que fuimos a jugar sobre seguro, sabíamos que ir al Baserri era un acierto. Durante los postres hicimos lo típico, cortar la tarta, repartir los muñequitos, darles unos regalitos a nuestras amatxus y anuestros aitatxus (madres y padres) y luego a familiares y amigos más cercanos. Mis dos mejores amigas se llevaron una la foto de cuando éramos jovencitas dedicada y la otra el ramo. Joseba tuvo su regalo especial y pudo ser uno de los momentos más bonitos de la entrega de obsequios porque ¿qué novio espera ser sorprendido con una caja que es otra declaración de amor y acompañada de la canción que le dedicó a quien hoy es su mujer cuando apenas eran novios? Los detalles generales para todos fueron un símbolo solidario: unas tarjetas de la AECC (Asociación Españora Contra el Cáncer) y un bolígrafo en apoyo a la investigación para la lucha contra la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica, pero en general esta asociación trabaja para hacerle frente a todas las leucodistrofias popularmente conocidas como ELA). ¿La razón de optar por estos dos detalles? Nuestros familiares y amigos. Una de mis mejores amigas superviviente de cáncer infantil (oteosarcoma), mi tío, mi madre de parroquia y un primo de mi ama perdieron la lucha contra el cáncer, mi ama y mi suegra operadas y también supervivientes de cáncer... la lista es demasiado larga. ELA, el tío de mi esposo, enfermo de esclerosis y alguien que se perdió la boda por ello.
Acabada la entrega de todos los detalles para los adultos y de las chuches para los peques de la casa, entró la tuna a ponerle ritmo y ambiete a una sobremesa que estuvo llena de sorpresas y gente cambiándose de mesa para saludarse y terminar anécdotas que habían comenzado durante el cóctel. Resultaron mezclas muy curiosas y el ambiente antes, durante y tras la comida fue de lo más divertido. Creo que el objetivo de ser todos muy felices lo conseguimos y con creces.
Ya nos iba quedando menos del día y por tanto, querido lector o lectora, el final de nuestro relato comienza a acercarse. Antes de hacer nuestro baile de pareja hicimos un pase de fotos de nuestra familia y amigos que dejaron algunas lagrimillas furtivas entre los espectadores. Varios besos y achuchones después del vídeo llegó el momento de mostrar nuestras dotes bailarinas aunque lo cierto es que preparamos algo muy sencillo. La gente nos acompañó con bengalas de chispitas dándole a la escena un toque romántio y festivo a partes iguales.
Luces, música, humo y ambiente verbenero con una lista de reproducción muy Caribe Mix 2000 y muy fiestas patronales con clásicos de la juerga como La Bomba de King África o Yo quiero bailar de Sonia y Selena entre otros grandes hits.
Poco antes de finalizar el guateque Joseba y yo habíamos preparado una entrega de premios absurdos: los Txufla Sariak (premios chufla), con categorías tan reputadas como soltero y soltera de oro (para quienes el amor les persigue pero ellos son más rápidos), llorón de oro (para quien los pañuelos de papel son sus mejores amigos) o las menciones honoríficas tales como croqueta de honor (para quien ha completado el crcuito del cátering en tiempo récord y además tiene sugerencias y recomendaciones para el resto, animando siempre a probar este u otro canapé), "argazki guztietan" (por salir en más fotos que los propios novios) o el prestigiosísimo y honorabilisímo Cucharón de Palo, símbolo de sabiduría universal acumulada durante más de 40 años de sobremesas y compartida en bodas, bautizos y comuniones sin haber sido solicitada pero con gran acierto y mucha razón.
Hoy es el día que al ver las fotos soy consciente de la de cosas que pasaron durante la fiesta pero en su momento me perdí por estar en la barra pidiendo o en baño convalidando la carrera de ingeniería de estructuras textiles para conseguir no meter la cola del vestido en el retrete... Entre esos momentos que me perdí estuvo el manteo que los de la cuadrilla le hicieron a Joseba... a poco más me quedo sin marido y yo, mientras tanto muy probablemete estaba esperando con ojos golosos mi cubata de vaca verde (Pipermin con leche, una maravilla). Por cierto casi se me olvida mencionar que justo cuando acabó nuestro baile empezó a llover y fue maravilloso. Nos cayó una tormenta de verano de esas que aquí en el norte hacen ilusión. Gotas gordas y frescas mojaron nuestras cabezas y el ambiente en el mejor momento del día. Es divino ver las fotos de algunos de nosotros correr bajo la lluvia con una sonrisa de oreja a oreja en la cara.
Y así, como la canción de Paloma San Basilio dice, la fiesta terminó. Un buen Paquito el chocolatero como último bailoteo y el momento del adiós y broche final de la noche en el Baserri con Xalbadorren Heriotza; piel de gallina o como decimos en mi casa txitxi pollo (txitxi es un término usado cuando somos peques para referirnos a la carne). Todos en círculo, todos agarrados de los hombros, suave balanceo mientras cantábamos a pleno pulmón una de las baladas más épicas de la música vasca.
Tras un viaje en autobús animado por mi cuñado Julen, llegamos de vuelta a Sodupe a las fiestas de San Lorenzo y al momento txozneo. Un último chupito toda la cuadrilla junta y Joseba y yo a nuestra suite nupcial, con el corazón lleno del amor que habíamos recibido de todas y cada una de las personas que habían formado parte de nuestro día.
Escribiendo estas líneas todavía siento que no alcanzo a expresar el infito cariño y el torrente de emociones que ese día vivimos; aún a día de hoy creo que la resaca emocional y esa llamada luna de miel de sensaciones sigue muy presente y vívida. Puedo decir con orgullo que llevo casi la mitad de mi vida con quien hoy puedo definir como esposo o marido, y que a pesar de ello, de lo que cambia, crece y madura una relación, de la montaña rusa sentimental que es compartir cada día con alguien (porque no nos engañemos, la convivencia es dura) lo sigo mirando, besando, abrabzando y amando con la misma pasión e intensidad del primer día. Todo está igual y distinto a la vez, cuando sus labios rozan los míos revolotean las mismas mariposas en mi estómago, de hecho creo que nunca se fueron.
Somos aquellos casi niños de 18 años que se encontraron en el aula de la universidad, estudiando la carrera de historia. Dos extraños que comenzaron su amistad desde el odio mutuo porque se caían fatal pero que no podían dejar de pensarse, aunque fuera para criticarse. Un misterio que ninguno de los dos entendemos, un día, un lunes que de pronto lo cambia todo, una sonrisa que a pesar de estar ahí desde el primer día de pronto es percibida, una conversación absurda sobre vanalidades del fin de semana que nos lleva a 4 horas de desatención de las clases... y finalmente ese ejercicio de euskera que nos dio el "Nik También": la chispa que encendió nuestro amor.
Servicios y Profesionales de la Boda de Joseba y Janire
Otras bodas en Baserri Maitea
Ver todas
Otras bodas en Vizcaya
Ver todas
Inspírate con estas bodas
Deja tu comentario