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Al pensar en una dama de honor es posible que la primera imagen que te venga a la cabeza sea la de una película americana. Sin embargo, están cada vez más de moda en nuestro país, ya que aportan un toque de elegancia y modernidad a la celebración, y muchas novias las escogen para que les ayuden tanto el día de la boda como durante los meses previos al enlace.

¿Cómo elegirlas?

Por tradición, eran personas cercanas a la novia (como hermanas o primas), amigas íntimas u otras familiares allegadas, siempre que fueran solteras. Sin embargo, hoy en día las damas de honor se escogen básicamente por proximidad, con independencia de cuál sea su estado civil. Es la novia la que elige a alguien de su entera confianza y quien tiene la última palabra. En cuanto a la cantidad, y si bien no existe un número determinado, el protocolo anglosajón recomienda tener una dama de honor por cada 50 invitados.

¿Cómo deben ir vestidas?

Respecto al dress code, existen todas las versiones posible. Y es que el protocolo solo dicta que deben ir conjuntadas, lo que permite variadas opciones. Entre las tendencias más frecuentes encontramos las damas de honor que llevan idéntico vestido –ya sea del mismo color o de tonalidades muy distintas– o las que, a partir de un tono determinado, eligen el tejido, el corte, el largo y el escote que más les gusta en función de cada silueta y personalidad. Si bien también hay damas que visten cada una de una manera distinta y se identifican únicamente por la ornamentación floral de la cabeza o por llevar un ramo similar al de la novia, pero de menor tamaño.

¿Cuáles son sus funciones?

La principal tarea de las damas de honor es acompañar a la novia durante la boda, ayudándola siempre que sea necesario para que todo salga perfecto. En muchos casos, las damas también acuden junto con ella a la peluquería, donde les explican cómo podrán retocar su maquillaje o peinado a lo largo del día. Llega luego el momento de ayudarle a vestirse y colocarse correctamente todos los complementos: zapatos, velo, cinturón...

Durante la celebración, entran detrás de la novia para arreglar el vestido o la cola cuando sea necesario y, en muchos casos, actúan también como testigos del enlace. Si se trata de una boda religiosa, pueden ser además las responsables de llevar los anillos, las arras o encargarse de las lecturas.

J.J. Palacios

El resto de la jornada estarán pendientes de que las cámaras de fotos capten a la novia lo más guapa posible, procurando que el vestido quede siempre perfecto, cogiéndole el ramo cuando sea preciso e intentando que no le falte nada en ningún momento. Pero sus responsabilidades van mucho más allá, pues les ofrecen su apoyo emocional para tranquilizarlas y que se sientan apoyadas, se encargan de solucionar pequeños contratiempos que puedan surgir y las ayudan en diferentes aspectos de la organización, como haciendo de intermediarias con los responsables del catering, del vídeo, etc.

Igualmente, la asesoran y ayudan en las tareas de planificación de la boda, como la elección del vestido. Y suelen ser las encargadas de organizar la despedida de soltera.