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Tras una avenida de plátanos orientales se alza la Torre de Xunqueiras, Monumento Histórico-Artístico desde 27-3-1981, que conserva el nombre de sus primeros señores. Construida por orden de Fernán Martín de Xunqueiras, la torre medieval – siglo XIII nació como torre-fortaleza con carácter defensivo. En el siglo XIV se construyó el palacio, inspirado, en gran parte, en el Renacimiento, como la balconada, que es una de las características de la casa, de gran belleza y originalidad. El edificio conserva trazas de la antigua fortaleza cuyo señorío sobre la Pobra do Caramiñal le fue concedido por los Reyes Católicos a Esteban de Xunqueiras por su participación en la conquista de Granada.
La proximidad del mar y el campo ofrecen una despensa natural que se compone a diario con los mejores productos del mercado, como una buena carne o un excelente pescado y marisco, que son preparados con sencillez, sin nada que distraiga sus sabores genuinos. En la carte de postres podemos encontrar una gran variedad de tartas caseras, que hacen las delicias de los que mejor saben comer.
Un ambiente acogedor, con una decoración y distribución de espacios muy personal, de colores y luminosidad agradables, así como un mobiliario clásico combinado con la alegría de los espacios estéticos; junto con una cocina tradicional actualizada, hacen la combinación perfecta.
Sus paredes de piedra sirven de Galería de Arte, donde se pueden contemplar, cada mes, exposiciones de cuadros de autores gallegos como Laxeiro, Barreiro o Sánchez Lareo entre otros. El restaurante Torre de Xunquerias tiene 3 salones , una capacidad para 50 , 20 y 13 personas respectivamente. Las veladas están amenizadas con buena música de piano de cola en directo.
Disponemos de una Suite totalmente independiente con un gran salón, ventanas abiertas al jardín principal y entrada por el claustro del Siglo XVI. Su amplio salón de 70 metros cuadrados dispone de todas las comodidades posibles, silla mecedora, tres sofás dobles, mesa de lectura, mueble aparador, amplios ventanales con vistas al jardín principal, televisor y calefacción. Su curioso dormitorio evoca recuerdos del pasado, disponiendo de una amplia cama doble enlazada en madera de nogal con una antiquísima coqueta frente al amplio ventanal con vistas al jardín principal del Pazo.
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