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Ponemos en marcha un nuevo servicio de comidas de empresa, convenciones y banquetes.
Villa Milagro está situada en el término de Poliñá del Júcar, a unos treinta y cinco kilómetros al sur de la ciudad de Valencia, en la comarca de la Ribera, entre las localidades de Sueca y Alzira.
Se trata de una alquería construida hacia 1930 siguiendo el estilo tradicional de vivienda agrícola mediterránea de principios de siglo y que recuerda también la típico caserío solariego que se ve más al sur de España.
Su función original, cuando la casa únicamente constaba de una planta, era agrícola que se ejerce en los terrenos que rodean la casa. Una vez fue ampliada con una primera altura, al igual de cómo se encuentra actualmente, fue utilizada como vivienda de uso esporádico por parte de los propietarios.
A su vez, la casa se encuentra rodeada de campos y campos de naranjos, otorgando al espectador que se encuentra en alguna de las terrazas de la casa una visión incomparable del hermoso paisaje que le rodea, teniendo como marco a lo lejos, por un lado la costa, por otro las montañas, por otro el pueblo y por el otro, el cauce del río Júcar que pasa a escasos metros de la casa.
Previamente a su puesta en servicio como alojamiento rural, la casa al completo ha pasado por un largo proceso de tres años durante el cual ha sido rehabilitada; para sacar de nuevo a relucir la belleza y estilo original de la construcción, y acondicionada; para adaptarla a las necesidades actuales con el fin de que pueda disfrutar el poder estar unos días de descanso en el campo sin renunciar a las comodidades con las que uno convive habitualmente y que son signo distintivo de nuestra calidad de vida.
El resultado es una visión de robustez; con sus gruesas paredes de piedra y las vigas de madera que recorren todos los techos, estilo rústico; la decoración de las habitaciones y el color de sus suelos son sencillos y en armoniosa combinación entre elegante y campestre, y un clima perfecto; la temperatura en invierno es muy suave en toda la zona y la casa está perfectamente preparada para que no se note en que época del año estamos fuera, y en verano el calor no aprieta tanto como en la costa y la noches son muy agradables: la casa no necesita de ningún sistema artificial de aclimatación para soportar el calor pues gracias a su perfecta orientación y la altura de sus techos proporciona una brisa continua que hará difícil que sus moradores tengan ganas de ir a otro sitio, incluso en los días de más poniente se está a gusto en su interior.
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