*Artículo cedido por Raúl Kaala, Diseñador de eventos y Director de Raúl Kaala Eventos de Autor.

 

Planificar una boda es un gran trabajo. Requiere tiempo, dedicación y esmero. Pero a menudo nos vemos desbordados o perdidos. Ante esta situación, es fundamental no perder los nervios, no precipitarse. Antes de empezar a visitar espacios, pedir prepuestos, etc, debemos plantearnos que tipo de boda queremos,  ya que en función de lo acordado, los plazos cambian mucho.

No es lo mismo casarse por lo civil que por la iglesia, o en un espacio convencional como un hotel o una finca, que un espacio diferente. Tampoco es lo mismo encargar el traje en una franquicia de trajes de novia que solicitar un vestido exclusivo a un diseñador, ni hacerlo un viernes o un sábado.

Por ejemplo,  para una boda en junio, en una catedral, con banquete en finca típica de bodas, podemos necesitar hasta dos años de reservas. Otro caso completamente diferente sería una boda civil en una playa,  con catering en un espacio diferente y traje de diseño; en este caso, con dos o tres meses tendríamos suficiente. 





Cuanto más convencional sea nuestra boda, más tiempo necesitaremos para organizarla.

Lo más importante es disfrutar de todo el proceso de organización, saber delegar en familiares y amigos, o encontrar un profesional que nos de la confianza suficiente y el feeling necesarios para que nos acompañe y ayude en todos los preparativos de nuestra boda.

Si no tenemos claro estos detalles previos y nos precipitamos, corremos el riesgo de añadir detalles a la boda que no tienen sentido.

A la hora de organizar una boda es preciso detenerse y pensar, definir unos objetivos, detallar los sueños que queremos cumplir, establecer el presupuesto del que se dispone… Esta planificación previa nos ahorrará inconvenientes y nos ayudará a eliminar, o a minimizar al máximo, todo tipo de sorpresas inesperadas.