En las bodas religiosas, la ceremonia comienza con la Monición, es decir, la lectura de ciertos textos de la Biblia, la cual será llevada a cabo por los novios, quienes deberán leer también sus votos, y por ciertos invitados como los padrinos o familiares cercanos.



Tras esto, la introducción al interrogatorio recuerda que los novios han acudido para casarse ante Dios y da paso a la interrogación o escrutinio que confirma la voluntad de los novios de casarse, la aceptación de los valores que ello conlleva y la promesa de educar a los hijos según esos mismos valores.

Los novios entonces se dan la mano para realizar unidos una promesa de fidelidad y amor eternos. Esta parte es conocida como consentimiento. En este momento existe la opción de cantar la aclamación, cantos de agradecimiento a Dios.

A continuación el cura bendecirá los anillos y los entregará a los novios, para que uno y otro sellen su compromiso con la imposición de los anillos. Finalmente, se ha de hacer la entrega de las arras, siendo habitual que un niño pequeño sea quien las entregue  a los novios para que ellos a su vez las entreguen al sacerdote.



Por otro lado, la ceremonia del matrimonio civil se caracteriza por ser más breve que el rito religios y constar de dos partes: la lectura de los artículos del Código Civil referentes a los derechos y obligaciones de los contrayente, por un lado. Y el consentimiento mutuo de los novios ante el juez de paz y los testigos designados, por otro.